¡Cambio tebeos!

Había pocos chicos a los que, en aquellos tiempos en los que tan necesitados andábamos de fuertes emociones, no nos gustaran los tebeos. En mi caso, como en el de otros muchos, los que más me atraían eran, con diferencia, los de aventuras, como los de El Capitán Trueno, El Jabato o Hazañas bélicas. Además, eran nuestros «héroes nacionales», que ni que decir tiene que preferíamos a los que venían de allende los Pirineos, como Supermán o el Capitán América.

El «arreglalotodo»

El estañador

La necesidad y el sentido común, que mala compañía desde luego no eran por aquellos tiempos, imponían mucho ingenio y remedio para que las cosas, a ser posible, duraran «hasta el infinito y más allá», o sea, lo que hoy se conoce como reutilización o, mejor aún, «reciclado», de lo que entonces poco o nada se sabía aún.

Para empezar, en cuestiones de comida, pocas cosas había de las que pudieran aprovecharse que fueran a parar a la basura. Los restos del plato de un día siempre podían encontrar digno acomodo en las albóndigas, las croquetas o el potaje del día siguiente. Y tampoco la ropa era de usar y tirar, que para algo estaba meterle la sisa a una prenda, sacarle el bajo, coserle coderas o rodilleras y, hasta si era menester, teñirla, que quién iba a saber que aquel abrigo rojo ya raído se había transformado en uno negro precioso que parecía recién estrenado. En realidad, hasta los calcetines tenían remiendo y a las medias de señora afectadas por una lamentable «carrera» se les podían coger los puntos, de lo que bien dejaba constancia la mercera de la esquina.

«Reverso y anverso»: Ya a la venta

«En ese largo y sinuoso camino por el que va discurriendo nuestra vida, hay veredas desiertas y campos sembrados de relucientes amapolas; tristezas que nos descarnan y alegrías que nos reconfortan; anhelos dormidos y sueños despiertos; desengaños que nos hieren y amores que nos resucitan; besos robados y caricias devueltas. La cara y el envés, el delirio y la razón que se cruzan a nuestro paso sin avisarnos, dejándonos a merced de la casualidad o del destino.

Como sugiere el título de este poemario, “Reverso y anverso” (Libros Indie, 2022), en él hay un ramillete de poemas de ida y vuelta que apremiaba escribir para que lo que intentan expresar no se perdiese en la intrincada metáfora de los sentimientos. Todos ellos discurren en paralelo a esa travesía emocional de encuentros y desencuentros por la que deambulamos a ciegas, de noches a la intemperie y de mañanas a cubierto, de soledades que nos vacían y de compañías que nos dan refugio, de tiempos erráticos de infortunio y de momentos de felicidad infinita».

«Reverso y anverso», según Omar Jerez

«Soy consciente que estoy ante una joya pulida y sutilmente cuidada. Me ha sucedido que puedo abrir “Reverso y anverso” en cualquier página y volver a escucharme decir: ¡Esto es una delicia para todos los sentidos! José Molina Melgarejo no tiene nada que demostrar. Tiene oficio y una madurez intelectual de la que aprendo con entusiasmo.

El epílogo de Federico García Lorca cierra con broche de oro una obra que sabes que emociona, que te alienta a seguir cuestionando, a seguir leyendo y, sobre todo, a amar la forma de escribir de José Molina Melgarejo».

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De paseo por la Luna

El Retrovisor

Buzz Aldrin ante la bandera de EE UU en la Luna, el 20 de julio de 1969 (NASA)

Según la rumorología popular, hay tres momentos de nuestra historia en los que todo el mundo recuerda qué estaba haciendo en ese justo momento. Uno es la cogida de Manolete, el 28 de agosto de 1948, en la plaza de toros de Linares. Otro, el histórico gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil, el 2 de julio de 1950. Y, por último, la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969.

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70 años de bikini en España

La actriz francesa Pascale Petit en la Playa de Poniente, en Benidorm, en 1965.

«En la España católica de los 50, el despegue turístico de ciudades como Benidorm no solo atrajo veraneantes sino nuevas costumbres de otros países. Las mujeres del norte de Europa lucían bikinis para escándalo de muchos. Una multa a una turista inglesa por vestir la prenda precipitó que Benidorm se convirtiera en la primera ciudad española en legalizar el bikini».

Seat 850 Coupé: el «superdeportivo»

El Seat 600, el 850, el 127 e incluso el 1500, aunque este parecía más bien destinado a taxis, el Renault 4, 6 y 8 —antes Gordini—, el «dos caballos», o sea, el Citroën 2CV, y el BMW Isetta, también conocido como «el huevo», eran desde luego los coches que con mayor frecuencia podían verse circular por nuestras calles y carreteras, así que ya estábamos bastante habituados a ellos.

Pero, ¡oh sorpresa!, de pronto un día descubrimos que había un coche nuevo con aspecto de «superdeportivo», aunque a escala miniatura, que nos dejó alucinados.

«El turismo es un gran invento», o eso parece

Llegada de los primeros turistas a España. Foto: Teresa Avellanosa (Flickr)

Aquellos españoles que, durante los tórridos días de verano, tenían la suerte de poder disfrutar de unas merecidas vacaciones, también podían constatar «en vivo y en directo» que, como bien anunciaban los medios de comunicación y, por ende, los rumores de la calle, «el turismo era un invento estupendo», especialmente para los que podían sacar tajada del mismo y, por descontado, para los que tenían a bien poder disfrutar de él como Dios manda.

La serpiente multicolor

Habrá que convenir, como tantas otras cosas, que el ciclismo ya no es lo que era. Y no quiero decir con ello que, por ejemplo, las grandes carreras por etapas, como la Vuelta, el Tour o el Giro, no sigan teniendo una audiencia más que respetable, pero pocos podrán discutirme que ya no se vive con la misma pasión que antaño, ni por supuesto la «serpiente multicolor» suscita hoy el mismo interés que antes, cuando hasta los más pequeños eran seguidores incondicionales de los ciclistas. De hecho, para que conste en acta, uno de los juegos infantiles favoritos, especialmente en verano, era disputar la «vuelta ciclista con chapas», que sin duda era uno de los entretenimientos estivales más emocionantes. Además, ni que decir tiene que entre las colecciones de cromos las de ciclismo eran, después de las de fútbol, las que más solían gustar, lo que da buena fe de todo lo dicho hasta ahora.

La aventura de leer

«Muchos de aquellos a los que de pequeños les volvían locos los tebeos de Roberto Alcázar y Pedrín, El Guerrero del Antifaz, Sissi o Pulgarcito, o aquellos preciosos cuentos troquelados de Ferrándiz, los de hadas de la colección Azucena o los de Antoñita la Fantástica, poco a poco se fueron enganchando al “saludable hábito de leer”» [«Queridos recuerdos de los años 50 y 60» (Senior Expert, Madrid 2017), páginas 52-53].

¡Al rico corte helado!

El Retrovisor

Sin discusión alguna, el corte de helado o helado al corte, al parecer también conocido como «helado napolitano» o «cassata brick», según consta en nuestro consultorio básico, o sea, Wikipedia —que no añade el posterior calificativo de «sándwich»—, era el rey del surtido heladero de la época, por encima incluso del helado de cucurucho. Al menos esa es la impresión personal que tengo después de repasar cuál era realmente el más solicitado tanto en las escasas heladerías que había por aquel entonces —la época concreta ya que la ponga cada uno— como en los muchos carritos de helados que recorrían las calles de las ciudades, lo cual era una alivio en días calurosos de verano.

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Tienda de ultramarinos: todo en uno

El Retrovisor

Hoy día es fácil encontrarse con un centro comercial o un supermercado casi a la vuelta de la esquina, en los que, además, es posible comprar de todo, y con todas las opciones posibles tanto en variedad como en precio. O sea, para ser más exactos, si por ejemplo uno tiene pensado comprar leche y no sabe muy bien cuál llevarse, puede elegir tranquilamente entre fresca, entera, semidesnatada, desnatada, sin lactosa, enriquecida en calcio, con Omega-3, con gluten o sin gluten…; sin olvidar, por supuesto, las vegetales o ecológicas, tales como de avena, de soja, de arroz, de almendras.., y no sé cuantas otras más. ¡Ah, y ojo a las ofertas de precios del tipo 2×3, 3×1, la segunda a mitad de precio, etc. En definitiva, todo un galimatías, que hace que el ir a comprar a veces se convierta en un complejo tratado de «filosofía cuántica», si es que…

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El milagro de la bicicleta

El pequeño José Manuel López Bravo, en los años 60, subido en su bicicleta marca Orbea, en el Espolón de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja).

Si con la máquina del tiempo pudiéramos trasladar nuestras unidades móviles hasta los años 60, por ejemplo, y preguntarle a un niño o una niña cuál era aquel juguete que nunca tubo y con el que siempre soñó o el que más deseaba y, milagrosamente, su deseo se hizo por fin realidad, es probable que la mayoría de ellos dijera que una bicicleta, a ser posible con ruedines, para poder iniciarse mejor en el noble arte de pedalear.

El zoom «made in Lazarov»

El popular Ballet Zoom

Hay que ver, con lo tranquilos que estábamos viendo los programas musicales (también conocidos entonces como «de variedades») que TVE emitía allá por los años 60, como «Escala en Hi-Fi», «Gran Parada», «Carrusel», «Galas del sábado»… y tantos otros, y de repente, como el que no quiere la cosa, en 1969 va y aterriza en nuestro país un realizador rumano que atendía al nombre de Valerio Lazarov. «¿Rumano?», se preguntaban muchos. Pues sí, rumano, ¡y menudo rumano!, porque casi de la noche a la mañana puso la TV patas arriba, primero con un programa musical titulado «El irreal Madrid» (1969), tan sorprendente como exitoso, que incluso ganó la Ninfa de Oro en el Festival de Televisión de Montecarlo, algo con lo que nunca hubiéramos soñado.

Eurovisión 2022: Mucho ruido y algunas nueces

Después de ver la última edición del llamado Festival de la Canción de Eurovisión, o sea, Eurovisión, a secas, hoy me he levantado muy ufano dispuesto a hacer una crítica constructiva del espectáculo que mis ojos y mis oídos pudieron ver y oír a trompicones, que fue como una etapa de los Dolomitas en el Giro de Italia, y, por ende, a vanagloriar los viejos tiempos de lo que fue un certamen en el que la música y las buenas canciones eran las protagonistas, mientras que el esperpento quedaba para otras ocasiones. Así que, ordenador en mano, me he aprestado con firme devoción a recordar a Gigliola Cinquetti, Udo Jürgens, Sandie Shaw, France Gall, Frida Boccara, ABBA, Celine Dion… y tantos otros ganadores más de Eurovisión, sin olvidar, por supuesto, a Massiel y a Salomé, nuestras insignes vencedoras de los festivales de 1968 y 1969.

¡Bienvenidos al Parque de Atracciones de Madrid!

El Retrovisor

A los que vivíamos en Madrid —qué tiempos aquellos sin confinamiento ni pandemia, aunque justitos de libertad «a la madrileña»— la verdad es que nos vino de perlas la inauguración, el 15 de mayo de 1969, de ese gran Parque de Atracciones que nos dejó con la boca abierta. Por fin ya teníamos un fantástico sitio al que acudir con la familia o con los amigos para divertirnos, y tan cerca, ahí, en la Casa de Campo, a la que incluso podíamos ir en el Suburbano, que funcionaba desde 1960, bajándonos en las estaciones de Lago o de Batán.

Además, contaba nada menos que con 30 atracciones mecánicas que eran una auténtica pasada. Así que, por 5 pesetas que valía la entrada, podías pasar un día inolvidable montando en «7 Picos», «Gusano Loco», «Alfombras Mágicas», «Viaje al Centro de la Tierra», «Camas elásticas», «El Pulpo», «La Noria», «Viaje Espacial», «La…

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¡Será por gaseosas!

Tengo la impresión de que, de un tiempo a esta parte, se ha ido perdiendo la sana costumbre de beber vino con gaseosa, o en su defecto sifón, en las comidas, lo cual no es que esté ni bien ni mal, sino simplemente una apreciación personal sobre un hábito cotidiano que en otro tiempo parecía institucionalizado.

Buena prueba de ello es que, hoy día, cuando te acercas a un supermercado a comprar alguna gaseosa, la variedad de esta refrescante bebida es francamente pobre. Por lo general, uno se encuentra con la gaseosa de toda la vida, o sea, «La Casera», a la que parece que le hicieron un contrato fijo que perdura eternamente, y si acaso la marca blanca de la franquicia de tiendas a la que uno ha ido a comprar.

En estas circunstancias, siempre me pregunto: ¿y dónde demonios se han metido «La Pitusa» o «La Revoltosa», que eran mis gaseosas favoritas? ¿Es que ya nadie recuerda las saltarinas y pizpiretas burbujas que tenían, que, al ingerirlas, hasta conseguían que se te saltaran las lágrimas?

Y como yo, supongo que muchos echarán en falta su gaseosa preferida, aquella que en otro tiempo saboreaban con verdadero placer. Y es que de lo que no cabe duda es de que había una infinita variedad de gaseosas capaz de satisfacer los gustos y sabores de todo el mundo. De hecho, creo que no había localidad (pueblo, ciudad, provincia o región) que no tuviera su propia marca de gaseosa, o sus propias marcas de gaseosas, que en muchos casos la oferta hasta se duplicaba o triplicaba. La relación, desde luego, sería interminable y daría para un profundo estudio de «comportamiento sociológico», pero baste con citar solo a algunas (al margen de las ya antes referidas) , a ver si hay suerte, y entre ellas alguien logra reconocer la suya. Pues ahí va: «La Preferida», «La fama cordobesa. Pijuan», «La amapola», «La moderna, «Rigau», «Dungil», «Gaseosa Selecta», «Ebesa», «Otero», «Eduardo Feijó», «López», «La Vianesa», «Valcárcel», «Rodicio»… En fin, y así podríamos seguir hasta mañana.

PD

Solo por curiosidad, Rafael Sánchez Barros, un carpintero del pueblo toledano de Calera y Chozas, lleva coleccionando botellas de gaseosas desde hace más de veinte años. Durante ese tiempo ha reunido nada menos que ¡60.000!, muchas de las cuales ya las ha exhibido en una exposición titulada «Historia de una burbuja. La gaseosa en España». Como bien señala Rafael: «En el pasado, cada pueblo se lio a hacer gaseosas. La gente montaba su tinaja de barro, abría el grifo y a rellenar». Pues no se hable más…

Texto extraído del libro «El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria» (El ojo de Poe, 2019)

Demostración sindical del 1 de mayo

El Retrovisor

Desde 1958, cada 1 de mayo, día de la festividad de San José Artesano (también Obrero, para entendernos mejor), se celebraban en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid las llamadas Demostraciones Sindicales, organizadas por la muy afamada entonces Obra Sindical de Educación y Descanso, que consistían en unas grandilocuentes exhibiciones gimnásticas y folclóricas con las que se quería mostrar lo fuertes, artistas y guapos que eran los trabajadores y trabajadoras españoles.

Estaba claro que aquella «Olimpiada laboral», como también era conocida, que más bien parecía el acto inaugural de unos Juegos Olímpicos, tenía una claro objetivo propagandístico, pero, quizá en nuestra ingenuidad, la verdad es que nos gustaba mucho. Especialmente los más pequeños nos quedábamos asombrados viendo cómo los participantes exhibían sus extraordinarias dotes gimnásticas saltando, brincando, corriendo o haciendo impresionantes «torres humanas», como la que en 1958 hicieron nada menos que 800 trabajadores de la Empresa Nacional Bazán.

Para…

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Vive la chanson française !

Amén de cantantes nacionales y de habla inglesa (inclúyanse en este apartado básicamente británicos y estadounidenses), ya desde la década de los 50 a los españoles nos gustaban especialmente —la razón ya queda fuera de mi jurisdicción— los italianos (véase Peppino di Capri, Jimmy Fontana, Nicola Di Bari, Mina, Domenico Modugno, Bobby Solo, Rita Pavone, Gino Paoli, Gigliola Cinquetti, Pino Donaggio, Iva Zanicchi, Adriano Celentano, Paty Bravo y tantos otros). ¡Pero, ojo, porque si los italianos nos encantaban, los franceses —o digamos, los que cantaban en francés—nos enamoraban!

Tampoco tengo argumentos sólidos para explicarlo, pero lo cierto es que sus canciones, seguramente más melódicas y románticas, nos encandilaban, fuera cual fuese el sexo del receptor. Entre las chicas, por ejemplo, el que causaba auténtico furor era Salvatore Adamo, o mejor, Adamo, a secas, un cantante italo-belga al que le costó poco aterrizar en nuestro país y montar la de San Quintín. Le bastó entonar con esa dulzura especial que tenía un puñado de canciones —todas versionadas también es español—, como «Cae la nieve» («Tombe la neige»), «Tu nombre» («Ton nom»), «Un mechón de su cabello» («Une meche de cheveux») o «Mis manos en tu cintura» («Mes mains sur tes hanches»), para conseguir que una legión de jóvenes y adolescentes suspiraran perdidamente por él.

A cierta distancia, pero sin posibilidad de alcanzar el liderato que ostentaba Adamo, andaba Johnny Hallyday, quizá más apto para espíritus más roqueros, pero que también conquistó a un buen número de fans, especialmente con sus particulares versiones de canciones famosas, como «Viens danser le twist», o sea, el «Let’s Twist Again» que interpretaba Elvis Presley.

Entre los chicos, la cosa desde luego cambiaba por completo, de modo que sus suspiros iban directamente dirigidos a cantantes como Françoise Hardy, que arrasaba con temas como «Tous les garçons et les filles» y «Le premier bonheur du jour»; France Gall, sí, la que ganó el Festival de Eurovisión de 1965 con «Poupée de cire, poupée de son» («Muñeca de cera» en su versión española); Marie Laforet, de la que era difícil no enamorarse cuando miraba con esos ojos verdes mientras interpretaba «La plage» o «Vendanges d’amour», y, por supuesto, Sylvie Vartan, «la novia de los jóvenes franceses», como era conocida entonces, que nos dejaba atolondrados escuchándola cantar «Panne d’essence», «Comme un garçon» o «La plus belle pour aller danser». Lástima que de pronto, en 1965, decidiera casarse con Johnny Hallyday, y dejarnos con la miel en los labios.

Y hasta aquí el apartado juvenil, porque ya en edades o espíritus más maduros, la lista de cantantes franceses favoritos podría completarse con algunos tan inolvidables como Gilbert Becaud, Christophe, Charles Aznavour, Mireille Mathieu, Alain Barrière, Hervé Vilard, Jacques Brel, Yves Montand, Charles Brassens, Charles Trenet y, por supuesto, la gran Edith Piaf, que consiguió que sintiéramos «la vida en rosa». Ya de Serge Gainsbourg y Jane Birkin mejor no hablamos, no vaya a ser que se nos suba a la cabeza el «Je t’aime moi non plus» y la liemos parda.

«El alma desnuda», según Claudia Merino

El Retrovisor

En su estupendo blog literario «The Forgotten Book» (http://thefgottenbook.blogspot.com/), Claudia Merino ha publicado esta completa reseña de «El alma desnuda», que, por razones obvias, no puedo resistirme a reproducir, sobre todo porque ha desentrañado como nadie lo que estos relatos quieren transmitir.

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Semana Santa: Pasión y penitencia

La mirada (Madrid, 1968). Foto: © Peter Vitte (Archivo Memoria de Madrid)

La llegada de la Semana Santa se recibía con entusiasmo por los más pequeños y, por supuesto, con recogimiento y devoción por los mayores. Para los primeros eran días de vacaciones y, por si fuera poco, en casa no solían faltar torrijas, pestiños, buñuelos o huevos de Pascua, que realmente estaban para chuparse los dedos.

Además, la festividad no empezaba nada mal, con ese luminoso Domingo de Ramos que llenaba las puertas de las iglesias de ramas de olivo y de palmas, muchas de las cuales luego decoraban los balcones de las casas, y la multitudinaria procesión de la Borriquilla. Pero lo realmente trascendente comenzaba el lunes de Pasión. Ese día, todo cambiaba por completo, como si de pronto se apagaran las luces y se hiciera de noche. De hecho, en la radio solo había música clásica y en la televisión únicamente se retransmitían procesiones y se emitían películas de romanos, de modo que había que volver a ver por enésima vez «Barrabás», «Quo vadis» o «Ben Hur». Y encima no se podía comer carne, que en eso de respetar la vigilia la mayoría de los españoles eran bastante respetuosos.

A decir verdad, con todo aquel decorado, al que había que añadir penitentes, pasos, cirios, saetas, cornetas y tambores, la Semana Santa imponía a los más pequeños. Y no digamos cuando la procesión era la del Silencio, en la que lo único que se escuchaba era el ruido sordo de las cadenas de los penitentes arrastrándose por el asfalto. ¡Para no pegar ojo en toda la noche! Menos mal que solo eran seis días de «penitencia», y el Domingo de Resurrección se producía el gran milagro: casi todo volvía a su ser y, sobre todo, a los cines llegaban los últimos estrenos, que era unas de las mayores alegrías que entonces podían darnos.

Texto recogido en «El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria» (El ojo de Poe, 2019).

A José Molina Molero, mi padre. In memoriam

El Retrovisor

El 6 de abril hubiese cumplido 95 años. Al acordarme, estuve tentado a escribir algo sobre él, pero el paso del tiempo diluye la memoria, así que finalmente decidí desempolvar este breve texto que escribí para el homenaje que se le rindió en Granada, su ciudad natal, en 2004 y que resume cuál fue el verdadero sentido de su vida.

«No le alcanza la memoria para recordarlo, pero a buen seguro que, al nacer, su primera señal de vida fue un estruendoso “do de pecho”, al que luego seguiría un re y un mi y un fa y un sol la si… Corría el año 1927 —un 6 de abril, para ser más exactos— cuando aquel niño había dejado bien claro que su principal deseo en el mundo era “dar la nota”; en el sentido más literal de la frase, se entiende, o sea, que llegaba dispuesto a dedicarse en…

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¡La leche, en la lechería!

El Retrovisor

Ahora que tanto se habla de especialización, no estaría de más recordar que hubo un tiempo en el que, al menos en lo que a cuestiones de alimentación se refería, la venta de casi todos los productos estaba perfectamente «especializada». Quiero decir con eso que, a diferencia de hoy, en que la mayoría de las cosas están centralizadas en un gran superficie, salvo excepciones que ahora no vale la pena referir, todo el mundo tenía claro adónde debía dirigirse para comprar un producto. Es decir, para que nos entendamos: una barra de pan, a la panadería; un kilo de plátanos de Canarias, que eran los únicos que entonces degustábamos, a la frutería; un kilo de cinta de lomo, a la carnicería; una docena de huevos, a la huevería; mitad de cuarto de «mortadela sevillana», que tanto les gustaba a las madres darnos para merendar, a la charcutería, y, por último…

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La revolución de la minifalda

El Retrovisor

Mary Quant, en el centro, con dos modelos luciendo la minifalda. Foto: Getty Image

¡Quién iba a decirle a la diseñadora británica Mary Quant, allá por 1963, el revuelo que iba a generar en medio planeta, por no decir el planeta entero, el invento de su popular «minifalda», aunque, para que quede constancia de ello, la paternidad de tan revolucionaria prenda todavía se sigue disputando entre ella y el diseñador francés André Courrèges.

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«Y Dios me hizo mujer…»

El Retrovisor

«Verano» (detalle, 1943), de Edward Hopper

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Gioconda Belli, «El ojo de la mujer. Poesía reunida» (Visor de Poesía, 1991; r2015)

* Gioconda Belli (Managua, 1948), poeta y novelista, estuvo vinculada al Frente Sandinista de Liberación Nacional de 1970 a 1994. El compromiso…

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La barbería, «centro de tratamiento capilar»

El Retrovisor

Si había un lugar en el barrio que podía distinguirse a lo lejos, era aquel que de su fachada sobresalía una especie de reluciente poste, que más bien parecía una piruleta gigante, adornado con líneas de colores rojo, azul y blanco, aunque también cabía la opción de que la susodicha combinación colorística simplemente luciera alrededor de la fachada o de la puerta en entrada. Pues aquel lugar que, si uno andaba despistado, podía pensar que era una delegación del consulado de Francia en el barrio era la «peluquería», también conocida como «barbería», según lugar, época, gustos e interpretaciones.

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«Mañana de domingo». Un sencillo relato sentimental

Mañana de domingo no es una novela histórica, de suspense, de ciencia ficción o de aventuras. Solo es un sencillo relato sentimental de dos personajes cuyas historias personales se van narrando de forma alternativa a lo largo de todo el libro, y cuyo punto de encuentro, así como la relación de ambos con el pequeño Julio, el personaje con el que arranca la novela, únicamente se desvela al final de la misma. Así que tendrá que ser el propio lector quien tenga que encontrar la salida a este conmovedor e intimista laberinto que propone Mañana de domingo.

De qué va…
El pequeño Julio, un niño de once años para el que la felicidad solo dura diez minutos, es el hilo conductor de esta historia de ida y vuelta, de encuentros y desencuentros, en la que Manuel y Amelia, sus dos principales protagonistas, emprenden en paralelo un azarosos proceso de iniciación a la vida sin saber muy bien cuándo ni por qué comenzaron ese camino sin rumbo fijo, qué les aguardará durante el tránsito de la inocencia a la madurez o si alguna vez conseguirán llegar al final de su particular viacrucis. En ese recorrido emocional, que puede discurrir en cualquier tiempo y lugar, lo único que comparten desde la distancia es la soledad, la incomprensión y la honda sensación de abandono.

Mañana de domingo de venta en:

Avant Editorial

Amazon

Casa del Libro

Librería Gaztambide

Agapea

Luzvi

Librería Cativos

Librería Blanco

¡Malditos tirachinas!

El Retrovisor

No eran armas de destrucción masiva, desde luego, pero para utilizar aquellos «mortíferos» tirachinas artesanales había que tener un cierto «espíritu asesino», o por lo menos ganas de hacer la puñeta.

Bromas aparte, lo cierto es que un poco brutos sí que eran aquellos chavales a los que les gustaba jugar con ellos, sobre todo los que no tenían miramientos a la hora de lanzar con ellos una piedra al primero que pasara. ¡Y ojo si te daban, el daño que hacía! Pero estaban de moda, ¡qué le íbamos a hacer!

Hoy día, sin embargo, para sorpresa de propios y extraños, resultan aún más peligrosos, habida cuenta de que ya no solo subsisten malamente los que se utilizaban entonces, sino que también los hay más sofisticados aún; o sea, tirachinas de todas las clases y tamaños: de caza, deportivos, profesionales, de precisión…

¡No, si al final vamos a echar de…

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La radio: «Ustedes son formidables»

El Retrovisor

Difícil será encontrar a alguien que no recuerde aquellas tardes con toda la familia reunida alrededor de la mesa camilla escuchando la radio: concursos, canciones, comerciales, o sea, anuncios, seriales, «partes» de Radio Nacional… A las puertas aún de las primeras emisiones de TVE, habrá que convenir, desde luego, como diría la publicidad del Scattergories, que se aceptaba «radio» como «animal de compañía».

En la década de los 50 la radio seguía viviendo su época dorada, de modo que aquellas enormes radios a válvulas ocupaban un lugar central en los hogares de los españoles. Al fin y al cabo, eran como una ventana sonora a través de la cual podían asomarse a divertidos concursos con patrocinio incluido, como «Avecrem llama a su puerta» o «La fiesta de La Casera»; entretenidos programas de variedades, como «Cabalgata fin de semana»; solidarios, como «Ustedes son formidables»; musicales, como «Peticiones del oyente»; infantiles, deportivos…

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«Mañana de domingo» aterriza el 16 de febrero

El Retrovisor

Después de un largo tiempo volando en busca de una pista de aterrizaje, por fin el 16 de febrero toma tierra Mañana de domingo, mi primera novela, un sencillo relato sentimental sobre el abandono, la soledad y la incomprensión en el arduo camino de iniciación a la vida y la incansable búsqueda de uno mismo.

¡Ya en preventa!

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Cliff Richard, «Congratulations»

El Retrovisor

Desde luego, tuvo guasa la cosa. Me explico: para una vez que ganamos Eurovisión, o sea, en 1968, con el famoso «La, La, La» que interpretó Massiel, va y en España arrasa la canción que quedó en segundo lugar. Sí, no hace falta recordarlo, «Congratulations», que cantaba un británico llamado Cliff Richard, que aquí muy pocos conocían aún, y que, según todas las encuestas, era el gran favorito para ganar el Festival, sobre todo porque «jugaba en casa».

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«Mañana de domingo» aterriza el 16 de febrero

Después de un largo tiempo volando en busca de una pista de aterrizaje, por fin el 16 de febrero toma tierra Mañana de domingo, mi primera novela, un sencillo relato sentimental sobre el abandono, la soledad y la incomprensión en el arduo camino de iniciación a la vida y la incansable búsqueda de uno mismo.

En preventa hasta el día 15

«Bonanza»: El clan de los Cartwright

El Retrovisor

Desde luego, hay que ver lo buenos, honrados y educados que eran los miembros de la familia Cartwright. Con ese padre, Ben (Lorne Green), viudo él, tan pendiente de sus hijos… Y esos hijos, Adam (Pernell Roberts), Hoss (Dan Blocker) y Little Joe (Michael Landon), que eran una bendición del cielo y que no sabían vivir el uno sin el otro. Bueno, ¿y qué me decís de ese rancho La Ponderosa en el que vivían tan ricamente, allá en Virginia City, junto al Lago Tahoe (Nevada)? Ya lo hubiéramos querido cambiar por la casa que los abuelos tenían en el pueblo o por ese chalé con el que soñábamos tener algún día y que, por desgracia, nunca tuvimos, y al que sin duda hubiéramos llamado «La Ponderosa».

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Operación Palomares ¡Aquí no pasa nada!

«El 17 de enero de 1966 amaneció con cielo azul, mar picado y fuertes rachas de viento. El sol del invierno apenas calentaba el desierto de Almería. A las 9:22 horas de la mañana (hora Zulu, es decir, hora de Londres), cuatro aviones militares se divisan desde la pedanía de Palomares (Almería) como tantas otras veces desde el comienzo de la llamada Guerra Fría. Pero ese día algo era diferente…».

Las rebajas: guerra sin cuartel

Según parece, cuando, a partir de los años 40, comenzó a desatarse la «guerra fratricida» entre Galerías Preciados y El Corte Inglés, los dos grandes almacenes que entonces monopolizaban el comercio en algunas capitales, surgieron lo que se dio en llamar «las rebajas»; o sea, importantes descuentos de precios en la mayoría de los artículos, con el fin de atraer con atractivas ofertas a más compradores. Y así hasta hoy, o casi, que aún se ignoraba que, con el tiempo, también se instalarían los «días sin IVA», los «8 Días de Oro», el «Black Friday», el «Cyber Monday»… y tantos otros inventos comerciales cuyo único objetivo es vender, cueste lo que cueste.

La Cabalgata de Reyes. Preludio de una noche mágica

El Retrovisor

Cabalgata de Reyes Magos organizada por Radio Madrid, bajando por la calle de Alcalá, en 1959. Foto «ABC»

Desde luego, uno de los momentos más emocionantes de aquellas Navidades que de pequeños vivíamos con verdadera pasión era la Cabalgata de Reyes; o sea, el evento que nos permitía certificar por nosotros mismos que, en efecto, los Reyes Magos ya estaban en nuestra ciudad, en nuestro pueblo o en nuestro barrio para esa misma noche traernos los regalos que mejor les parecían, habida cuenta de que de los que les pedíamos por carta con tanta ilusión nunca había ni rastro.

Es posible que aquellas cabalgatas no fueran tan espectaculares y rutilantes como las que hoy día pueden verse por las calles de aquella misma ciudad, de aquel mismo pueblo o de aquel mismo barrio [excepción hecha de esta extraña y pandémica Navidad que nos ha tocado vivir], pero no cabe duda…

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Buen viaje, mamá

El Retrovisor

El 26 de diciembre hubiese cumplido 94 años, pero hace ya más de tres años que pensó que seguramente ya no valía la pena seguir celebrando su cumpleaños. Al fin y al cabo, hacía ya mucho tiempo que había comprado «online» un billete para el último tren que pasara por su vida con destino a cualquier sitio, a ser posible uno mejor que en el que ahora transitaba, que, sinceramente, no le estaba dando muchas alegrías.


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Aquella inolvidable Navidad

Lo que Manuel nunca olvidó fue aquel gélido invierno de 1959 que se había presentado casi sin avisar, pero que le descongeló el corazón y, sin que se lo hubiera propuesto, le dio un nuevo sentido a su vida, como si una varita mágica hubiese transformado aquel paisaje emocional que gravitaba en silencio dentro y fuera de él. Como siempre, desde que tenía más uso de cariño que de razón, a las puertas de la Navidad le encantaba pasar las tardes paseando por el centro de la ciudad con Mercedes agarrada a su brazo. Sí, Mercedes, la chica por la que tanto tiempo había suspirado y que, por obra y milagro del insondable destino, había adquirido no hacía mucho la condición de prometida, lo que era la antesala perfecta para que finalmente se convirtiera en su futura esposa, a poco que las cosas les fueran medianamente bien y de nuevo el destino le permitiera hacer realidad sus sencillos sueños.  

«El barrendero les desea felices fiestas»

Ya por estas fechas impregnadas de espíritu navideño no había día en que no sonora el timbre de la puerta y, al abrir, nos encontráramos con alguien que venía a felicitarnos las Pascuas y desearnos un «próspero año nuevo», siempre, eso sí, con la loable finalidad de que voluntariamente le diéramos el correspondiente aguinaldo.

Decálogo navideño

El Retrovisor

[Consejos para pasar una Navidad «como Dios manda»]

A ver, seamos sinceros. No digo yo que hoy día no se celebre con entusiasmo la Navidad, pero habrá que convenir que nada comparable a como antes se vivía, con aquella ilusión, aquel fragor y aquel empeño por pasarlo bien, que irremediablemente hacía que fuera raro que alguien no disfrutara de ella más que de cualquier otro evento del año.

Para eso, lo más importante era que se cumplieran escrupulosamente todos los requisitos, no escritos en ningún sitio pero tácitamente aceptados, imprescindibles para mantener vivo el «espíritu navideño» del que estábamos impregnados, y para el que no había antídoto alguno. Tal vez sea un tanto arriesgado hacer un decálogo de las cosas imprescindibles para pasar la Navidad como Dios manda, pero peor sería no intentarlo. Por supuesto, como siempre, cada cual que añada o quite las que, con las mirada puesta en…

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Para amar con locura esta Navidad

«Del amor y otras locuras» (Editorial Seleer, 2021) es una selección de poemas «escritos en cualquier tiempo y lugar, en las tórridas tardes de verano o en las gélidas madrugadas de invierno, al abrigo de una juventud a flor de piel o de una madurez que aún necesita un rincón en el que poder refugiarse». Disponible en papel y en e-book.

¿Y este año qué, árbol o Belén?

A ver, antes que nada, será mejor abordar este complejo dilema situándolo convenientemente en función de época, pompa y circunstancias. Por ejemplo, según una encuesta realizada por un equipo de profesionales, encargados de conocer el comportamiento de los consumidores en determinadas fechas del año, el árbol de Navidad es el elemento decorativo que se alza como favorito para la mitad de los españoles (50%), por delante de las luces de Navidad (20%) y del Belén (13%) (Informe de Navidad 2016 elaborado por vente-privee).

Y en Navidad…Torneo de Baloncesto del Real Madrid

El Retrovisor

Hace ya años, como también suele suceder ahora, durante las «tan señaladas» fiestas navideñas se suspendían la mayoría de las competiciones deportivas, así que pocos eventos interesantes nos quedaban en la recámara. Uno de ellos, por supuesto, era el famoso Torneo Internacional de Navidad de Baloncesto, que cada año organizaba el Real Madrid, y que todos los aficionados a este deporte, y más aún si éramos merengones, celebrábamos con verdadero entusiasmo.

Durante unos días, coincidiendo incluso con el día 25 de diciembre, cuatro grandes equipos, tanto europeos como americanos, se daban cita en el mítico pabellón de la Ciudad Deportiva del club blanco para dirimir cuál de ellos se llevaba a casa tan prestigioso y añorado trofeo. Como recordaba Carlos Sevillano, mítico base y capitán del Real Madrid, en una entrevista al diario «ABC»: «Era increíble, nos enfrentábamos a jugadores en muchos casos desconocidos, pero de gran calidad. Por el…

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«Mantenga limpia España»

El Retrovisor

Si mis fuentes de información no me engañan, algo a lo que no siempre puedo dar crédito, en 1964, o sea, mientras curiosamente celebrábamos con verdadero entusiasmo el triunfo de la Selección Española de Fútbol en la Eurocopa celebrada en Madrid —entonces denominada Copa de Naciones—, la campaña «Mantenga limpia España», promovida por el «activo» Ministerio de Información y Turismo, andaba a pleno rendimiento.

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21 de noviembre ¡Solo ante el tallaje!

El Retrovisor

Dos eldenses siguen la noticia de la muerte de Franco

¡Vaya por Dios! No había días en todo el año, y va y el 21 de noviembre de 1975, que ya es casualidad, me toca ir a eso que se llamaba «tallarse», o sea, a ver si te daban o no el visto bueno para ir a la «mili»; mejor dicho, al Servicio Militar, para darle un tono más serio al asunto, que por aquel entonces todavía era obligatorio, como ir a la escuela, echarte novia y hacerte un hombre de provecho.



Como es fácil adivinar, aquel día me levanté aún con el susto en el cuerpo después de la noticia del fallecimiento, el día anterior, de Francisco Franco, quien hasta entonces supuestamente había ejercido de jefe del Estado o de algo similar, que muchos todavía no hemos acertado a descifrar. Y, como también es fácil suponer, incluso lo de…

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Zapatero a tus zapatos

El Retrovisor

Por lo general, y salvo alguna excepción que yo no recuerde, las tiendas, fueran del tipo que fueran, no tenían nombre. Así que la cuestión a la hora de tener que salir a «hacer un recado» era la siguiente: «Niño, vete a Don José y compra una docena de huevos»; «Niño, baja a Doña Concha y te traes media barra de pan, dos trenzas y un mojicón»; «Niño, vete a Don Emiliano y le dices que te dé un poco de aguarrás»… Y así sucesivamente, con lo cual era evidente que el lugar del barrio donde se arreglaban zapatos solo podía atender a un nombre: «Mariano el zapatero», que, por alguna razón que desconozco, quizá por la familiaridad que teníamos con él, no llevaba el Don delante.

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Aquellas inolvidables librerías

El Retrovisor

Sean cuales sean las cifras en las que hoy día se mueven libros y librerías, no está de más refrescar la memoria y remontarse a aquellos tiempos en los que entrar a un librería era una aventura maravillosa a la que uno estaba siempre dispuesto a apuntarse, y que, por desgracia, ya no resulta tan fácil revivir en estos benditos tiempos que ahora nos toca vivir, en los que las prioridades y los gustos parecen ser otros.

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El «Madrid yé-yé»

El Real Madrid en la final de 1966 de la Copa de Europa ante el Partizán de Belgrado. Foto: Ron Kroon / Anefo

Tras cinco temporadas de sequía, el Real Madrid volvió a ganar la Copa de Europa con un equipo casi recién estrenado. Y es que, de la mano de Miguel Muñoz, el club había iniciado una progresiva renovación de la plantilla. Así, poco a poco se fueron incorporando caras nuevas, como las de Amancio y Zoco, y fichajes de relumbrón, como los de Sanchís, Pirri y Velázquez.

Los futboleros de los 60, 70 y 80 también saltan al campo

Estos tres libros, que complementan al de los futboleros de los 50, van especialmente dedicados a todos esos aficionados al fútbol nacidos en los años 60, 70 y 80 que crecieron dándole patadas a un balón; viviendo la apasionante aventura de ir a un partido para poder ver de cerca a los jugadores que tanto admiraban; escuchando por radio las retransmisiones simultáneas de los encuentros de cada jornada, o viendo por televisión el emocionante partido del domingo por la tarde…

https://www.libreriamay.es/es/autor/molina-melgarejo-jose/

https://www.todostuslibros.com/autor/molina-melgarejo-jose

Alfonso Sánchez: «El crítico de cine»

El Retrovisor

Los críticos de cine nunca han sido santos de mi devoción, por razones diversas que ahora no parece oportuno exponer convenientemente. Sin embargo, y al margen de opiniones personales, en esa, por otra parte, loable profesión siempre ha habido, y continúa habiendo, excepciones dignas de mención. Entre ellas, casi sería una blasfemia no acordarse de Alfonso Sánchez, aquel crítico de cine de aspecto bonachón y voz inconfundible que se asomó a las pantallas de TVE durante más de veinte años.

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Concha Velasco, chica para todo

Cada vez que Concha Velasco vuelve a estar de actualidad, como ahora que acaba de despedirse de los escenarios, a petición expresa de sus hijos, resulta inevitable refrescar la memoria para recordar a aquella modosita y refinada chica de Valladolid que, con apenas 15 años, se coló en la gran pantalla, después de haberse formado como bailarina en las compañías de Manolo Caracol y Celia Gámez.

Fotonovelas: pasiones y desengaños

El Retrovisor

Con la TV aún en pañales, aunque la criatura ya empezaba a andar con paso firme y hasta ya sabía decir «mamá» y «papá», en la década de los 60 los seriales radiofónicos seguían viviendo su época dorada. Claro que, mientras la audiencia se decantaba entre uno u otro medio de entretenimiento, con lo que nadie contaba era con el arrollador impacto que de pronto empezaron a tener las «fotonovelas», con lo que también el papel ponía su granito de arena en las ansias emocionales de los españoles y, sobre todo, de las españolas, que según parece eran las más entregadas a los desgarradores enredos amorosos.

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«Bic naranja, Bic cristal»

En el material escolar que había que llevar al colegio, convenientemente guardado en nuestra cartera, no podían faltar, además de libros y cuadernos, la pluma y el tintero para la clase de caligrafía y un plumier de un piso o un «superplumier» de dos, en el que bien guardaba siempre debía hacer un lápiz, un afilalápiz de horquilla —luego sacapuntas—, una goma blanca de la marca MILAN, esa que tenía un olor especial que a veces daban ganas de comérsela, y por supuesto un bolígrafo.

¡La vuelta al cole!

El Retrovisor

[En época de normalidad]

Pues sí, aunque parezca mentira, después de un largo verano, por fin comienza el nuevo curso escolar. ¡Qué alegría, dirán muchos, especialmente padres! Como cada año, el entusiasmo de los niños y niñas que vuelven a clase crece en la misma proporción en la que adelgazan los bolsillos de los padres, que de pronto parecen sufrir un ataque severo de raquitismo; o sea, con la nueva «temporada escolar», inevitablemente, se inicia también la adquisición de nuevo equipamiento: libros de texto, mochila, uniforme, chándal, zapatillas de deporte…, y un sinfín de cosas más que resulta imposible enumerar ahora. En definitiva, una ruina total.

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«El mundo sigue», la joya olvidada de Fernán Gómez

En estos días de merecido recuerdo a Fernando Fernán Gómez, que el 28 de agosto hubiese cumplido 100 años, he tenido por fin la gran suerte de poder ver en TCM «El mundo sigue», sin duda su película como director menos conocida. Y no por voluntad propia, sino porque su duro y crítico retrato de la España de mediados de la década de los 60 hizo que tuviera que ser estrenada casi clandestinamente dos años después de haber terminado de rodarse.

Aquellas preciosas canicas

El Retrovisor

Me encantaban las canicas, pero no solo por lo de jugar con ellas al «gua», que era para lo que básicamente estaban destinadas, sino porque me parecían preciosas. En realidad, pensaba que era un milagro que pudieran hacerse aquellas bolas de cristal transparente rellenas de colores. Y, por si fuera poco, las había para todos los gustos: grandes, pequeñas, rojas, azules, amarillas, verdes…, y con todas las combinaciones posibles de tonos, lo que las hacía más atractivas aún.

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Cines de verano: películas a la luz de la Luna

Cine de verano en Sevilla

La diosa fortuna ha querido que, desde hace ya algunos años [actualícese este dato en época de pandemia], en algunos localidades de este nuestro, a veces, bendito país se hayan recuperado, para uso y disfrute del personal hoy presente, aquellos inolvidables cines de verano en los que nos acomodábamos plácidamente muchas noches estivales. En ellos, no solo disfrutábamos de la película o películas que aquel día se proyectasen, que siempre eran recibidas con inusitado entusiasmo si eran de «vaqueros», de «romanos» o de «risa», sino también de pasar unas deliciosas horas en familia o con los amigos de una forma diferente a como lo hacíamos el resto del año en los otros cines del barrio.

Indigesta digestión

La familia Molina, plácidamente haciendo la digestión. Foto: José Molina.

En los días calurosos del verano, o sea, casi todos, la mejor noticia que podían darte tus padres es que iríais a pasar el día a la piscina, el río o la playa; caso este último si la paga de julio del cabeza de familia daba para pasar unas escuetas vacaciones en algún apartamento, hostal o pensión de una ciudad, pueblo o simple pedanía que dispusiera de acceso al mar; es decir, que tuviera playa, ya fuera de arena, pedruscos o «chinicos» —véase piedras pequeñas que al pisarlas se clavan en la planta de los pies como si fueran puñales recién afilados—.

Broncearse o achicharrarse

El Retrovisor

La verdad es que hasta no hace demasiado, que el tiempo corre que es una barbaridad, no estábamos muy al tanto de eso que hoy ya se conoce oficialmente como «protector solar», y que ni más ni menos que consiste en una crema que sirve para proteger nuestra piel de los graves estragos que puede provocarnos pasar horas a pecho descubierto tomando el sol, sin tan siquiera una mísera sombrilla a la que echar mano.

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«Del amor y otras locuras» ¡ya a la venta!

Ya está disponible tanto la edición en papel como para e-book de mi poemario Del amor y otras locuras (Editorial Seleer, 2021), que espero que sus potenciales lectores lo acojan con cariño entre sus manos y luego vuelquen sus sinceros versos en sus corazones.

Para no dar lugar a engaños, Del amor y otras locuras es una selección de poemas «escritos en cualquier tiempo y lugar, en las tórridas tardes de verano o en las gélidas madrugadas de invierno, al abrigo de una juventud a flor de piel o de una madurez que aún necesita un rincón en el que poder refugiarse».

Y para más información…

Liga de chapas (y II): Tiempo de juego

El Retrovisor

… Y después de tantos prolegómenos, ya solo quedaba iniciar la emocionante competición; eso sí, una vez sorteados los equipos, establecido el calendario de partidos y minuciosamente dibujado con una tiza las líneas del campo, con sus áreas, sus zonas de portería y su círculo central, que siempre ocupaban buena parte de la acera de la calle en la que generalmente jugábamos a casi todo. Solo un breve inciso para decir que, en lo que a las portería respecta, lo normal era hacerlas con pequeñas cajas de cartón, aunque yo hasta me atreví a hacer una réplica de las mismas con unos cuantos trozos de madera pintados de rojo, y una red hecha con la malla que traían las bolsas de naranjas.

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Liga de chapas (I): Fase previa

El Retrovisor

Las películas de sesión doble, las meriendas de pan con aceite o una onza de chocolate, el balón de cuero algo ahuevado, los cromos, el pídola, la lima, la peonza… y alguna tarde de futbolín en los billares del barrio formaban parte de aquellos veranos de nuestras infancia que parecían no acabar nunca y de los que disfrutábamos sin un solo minuto de descanso.

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La merienda… ¡y a la calle!

El Retrovisor

Las vacaciones de verano estaban básicamente, o únicamente, para divertirse y jugar con los amigos. ¡Y vaya si nos cundía! En aquel tiempo, o sea, a mediados de los 60, el verano era casi interminable: desde que acababan las clases y hasta que volvíamos al colegio había un mundo de tiempo libre entre medias que aprovechábamos todo lo que podíamos.

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Última hora: «Del amor y otras locuras», pronto en libertad condicional

El Retrovisor

En pocos días, el Juzgado de Primera Instancia de la editorial Seleer ordenará la puesta en libertad condicional del poemario «Del amor y otras locuras»; o sea, a condición de que los potenciales lectores lo acojan con cariño entre sus manos. Para no dar lugar a engaños, «Del amor y otras locuras» es una selección de poemas «escritos en cualquier tiempo y lugar, en las tórridas tardes de verano o en las gélidas madrugadas de invierno, al abrigo de una juventud a flor de piel o de una madurez que aún necesita un rincón en el que poder refugiarse».

Seguiremos informando…

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Última hora: «Del amor y otras locuras», pronto en libertad condicional

En pocos días, el Juzgado de Primera Instancia de la editorial Seleer ordenará la puesta en libertad condicional del poemario «Del amor y otras locuras»; o sea, a condición de que los potenciales lectores lo acojan con cariño entre sus manos. Para no dar lugar a engaños, «Del amor y otras locuras» es una selección de poemas «escritos en cualquier tiempo y lugar, en las tórridas tardes de verano o en las gélidas madrugadas de invierno, al abrigo de una juventud a flor de piel o de una madurez que aún necesita un rincón en el que poder refugiarse».

Seguiremos informando…

«El verdugo» [en el centenario de Berlanga]

Sin duda, uno de los grandes misterios del cine español es saber cómo narices la película El verdugo consiguió regatear a la censura, con lo estricta que era en aquellos tiempos, en los que casi todo estaba prohibido, menos prohibir, eso sí. Pues el caso es que, de pronto, el 17 de febrero de 1964 se estrenó en nuestro país esta ácida comedia negra dirigida por Luis García Berlanga, uno de los grandes realizadores de la época, que había hecho de este género una manera encubierta de tratar la crítica social, tal y como ya había hecho en tantas otras espléndidas películas.

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Eurocopa 1964: ¡Por fin un triunfo de la Selección!



Once titular de la Selección en la Eurocopa 64: Iríbar, Olivella, Zoco, Fusté, Calleja, Rivilla; Amancio, Pereda, Marcelino, Suárez y Lapetra

Con lo bien que se nos había dado Maracaná en 1950, con aquel mítico gol de Zarra, que continúa recordándose con todos los honores en el rincón de muchas memorias, cómo es posible que en el Mundial de 2014, justamente en el mismo escenario, la Selección española cayera a las primeras de cambio, sin apenas haberle dado tiempo a demostrar lo bien que jugaba al «tiqui-taca».

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Ruedo Ibérico: un soplo de libertad

Muchos de los que tuvieron la suerte de poder viajar a París en los años 70, entre los que me encuentro, seguro que recuerdan Ruedo Ibérico, una pequeña librería situada en el número 6 de la Rue de Latran, en el corazón del Barrio Latino, que creo que ya no sigue abierta, y a la que no pude resistirme a entrar de nuevo la última vez que visité la capital francesa. Inaugurada en junio de 1970, pronto se convirtió en el centro neurálgico del exilio parisino y de la oposición hasta la caída del Régimen franquista.

«La Chivata», de Luisa Carnés

El Retrovisor

El periódico digital eldiario.es ha ofrecido en exclusiva (2-6-2017) este cuento de Luisa Carnés (1955), la autora republicana injustamente olvidada en la historia de la literatura española, a quien la guerra civil truncó su trayectoria literaria. http://www.eldiario.es/cultura/libros/cuento-Chivata-Luisa-Carnes_0_647435698.html

La Chivata

I

¿Quién era? No podía ser la madre del niño recién nacido, de aquel niño de piel rosada, llena de arrugas, cuyos puñitos apretados eran los únicos puños que podían cerrarse ante las miradas agudas de las celadoras. No podía ser la madre recién llegada, cuyo hijo acababa casi de abrir los ojos a la luz de aquellas galerías, cuya claridad no descubría graciosos pájaros, ni iluminaba un solo árbol, un árbol siquiera, que pudiera contar el paso de las estaciones con su desgranar de capullos en cada rama o su crujir de hojas secas bajo los invisibles dedos del viento. No podía ser aquella madre nueva, cuyos labios pálidos sellaban el camino…

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Mi primera comunión

Nunca lo olvidaré. Corría el año 1961, y el 11 de mayo llegó el día que, en aquellos años, todos los niños esperaban con mayor ilusión: el de la «primera comunión». La verdad es que no se debía a un fervor religioso, sino más bien a que era el día en el que uno era el protagonista, el centro de atención de toda la familia, sin olvidar también todos los regalos que se recibían. Entre ellos, recuerdo con especial cariño un regalo típico de ese día: mi primer reloj, nada menos que un «Dogma».

Festival de Eurovisión 2021: Más de lo mismo

El grupo italiano Måneskin

Después de ver a anoche la última edición del llamado «Festival de la Canción de Eurovisión», o sea, Eurovisión, a secas, me he levantado muy ufano dispuesto a hacer una crítica feroz al espectáculo que mis ojos y mis oídos pudieron ver y oír a trompicones, y, por ende, a vanagloriar los viejos tiempos de lo que fue un certamen en el que la música y las buenas canciones eran las protagonistas, mientras que el esperpento quedaba para otras ocasiones. Así que, ordenador en mano, me he aprestado con firme devoción a recordar a Gigliola Cinquietti, Udo Jürgens, Sandie Shaw, France Gall, Frida Boccara, ABBA, Celine Dion… y tantos otros ganadores más de Eurovisión, sin olvidar, por supuesto, a Massiel y a Salomé, nuestras insignes vencedoras del Festival en 1968 y 1969.

¡Bienvenidos al Parque de Atracciones de Madrid!

A los que vivíamos en Madrid —qué tiempos aquellos sin confinamiento ni pandemia, aunque justitos de libertad «a la madrileña»— la verdad es que nos vino de perlas la inauguración, el 15 de mayo de 1969, de ese gran Parque de Atracciones que nos dejó con la boca abierta. Por fin ya teníamos un fantástico sitio al que acudir con la familia o con los amigos para divertirnos, y tan cerca, ahí, en la Casa de Campo, a la que incluso podíamos ir en el Suburbano, que funcionaba desde 1960, bajándonos en las estaciones de Lago o de Batán.

El «pegadizo» sofá de escay

El Retrovisor

Según el «Diccionario panhispánico de dudas» dela RAE, que se las sabe todas, «escay» es la adaptación gráfica de la marca registrada «skai», usada en España para designar «cierto material sintético que imita el cuero». Y a modo de ejemplo utiliza la siguiente frase: «Ellas se sentaban en un sofá de escay negro» (Aparicio «Retratos» [Esp. 1989]). Además, advierte de que debe evitarse el uso de la forma no adaptada «skai», así como el de la grafía «skay», que es el término original inglés.

Hasta aquí todo correcto. Claro que, como es lógico por otra parte, lo que ya no dice el Diccionario, a pesar de la práctica frase con la que ilustra su resolución de la duda, es que con este material se fabricaban la mayoría de los sofás y sillones de los años 60 y 70 —fabricación también extensible a sillas, banquetas, pufs y, en general, cualquier elemento…

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¡Y llegaron Los Canarios!

Acostumbrados como estábamos a grupos de música que nos deleitaban con canciones bastante melódicas y fáciles de digerir, como Los Brincos, Los Ángeles, Los Sírex o Los Mustang, muy en la línea de los Beatles, la verdad es que nos pilló un tanto de sorpresa la llegada desde las «islas afortunadas» de un grupo que hacía rock bastante potente y que parecía aspirar a parecerse más bien a los Rolling Stones, que eran los chicos más duros de entonces.

Demostración sindical del 1 de mayo

Desde 1958, cada 1 de mayo, día de la festividad de San José Artesano (también Obrero, para entendernos mejor), se celebraban en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid las llamadas Demostraciones Sindicales, organizadas por la muy afamada entonces Obra Sindical de Educación y Descanso, que consistían en unas grandilocuentes exhibiciones gimnásticas y folclóricas con las que se quería mostrar lo fuertes, artistas y guapos que eran los trabajadores y trabajadoras españoles.

Serenata «a la luz de la luna»

Lo de ligar aún no resultaba fácil del todo. Aquello de los guateques todavía no se habían puesto de moda y, cuando se celebraba alguna fiesta, el baile «agarrao» no estaba bien visto, así que había que olvidarse de eso de arrimarse mucho. Quizá por eso, cuando por fin alguien se echaba novio o novia, había que cuidarlo como un tesoro y procurar que «el cariño verdadero» perdurase para siempre.

Olores

Recientemente leí una columna de Manuel Vicent en el diario «El País» [4-4-2021] en la que rememora los «perdidos aromas que a lo largo de la vida se han constituido en una estructura de tu memoria». «Para la gente de mi generación —continúa diciendo Vicent en su precioso relato personal— es el olor a linotipia de aquellos cromos de futbolistas y tebeos, el de los lápices Alpino y el de las gomas de borrar con sabor a coco, el del confesionario donde el pecado de la carne se confundía con el aliento a tabaco de picadura que fumaba el confesor […], el del jabón Heno de Pravia que se usaba en casa, el del pegamento de los parches en el neumático de la bicicleta, el de las tahonas y confiterías […], el de alcanfor del armario ropero, el del serrín húmedo con que se barría el bar y el cine del pueblo […], el de los pinos mojados después de una tormenta de verano, el del humus de las hojas fermentadas en otoño».

Rocío Dúrcal, «más bonita que ninguna»

No se sabe muy bien si es que, con bastante retraso, decidimos heredar la tradición de las estrellas infantiles de Hollywood, caso de Shirley Temple o, más aún, de Mickey Rooney y Judy Garland, aunque la verdad es que quedaban un poco atrás en el tiempo. Pero lo cierto es que, a finales de los 50, ya triunfaba de lo lindo nuestra primera «estrella nacional», Joselito, a quien no tardó mucho en seguir Marisol, ya a comienzos de los 60.

Con ellos se abrió la veda a nuevos ídolos de poca edad y mucho talento, como las gemelas Pili y Mili, que eran como «dos gotas de agua», y sobre todo Rocío Dúrcal, aunque en ambos casos quizá sería mejor catalogarlas como «estrellas juveniles».

A José Molina Molero, mi padre. In memoriam

El 6 de abril hubiese cumplido 95 años. Al acordarme, estuve tentado a escribir algo sobre él, pero el paso del tiempo diluye la memoria, así que finalmente decidí desempolvar este breve texto que escribí para el homenaje que se le rindió en Granada, su ciudad natal, en 2004 y que resume cuál fue el verdadero sentido de su vida.

De primero: Potaje de vigilia

Si este fuera el blog de «MasterChef», «Top Chef», «Pesadilla en la cocina», «Karlos Arguiñano en tu cocina» o de cualquiera de esos programas televisivos sobre cocina que tanto abundan y gustan, seguramente lo más apropiado sería empezar enumerando los ingredientes para preparar un exquisito «potaje de vigilia». Pero como este modesto blog no es sino un emotivo Retrovisor, lo más adecuado será simplemente echar un vistazo atrás, cuando este potaje era el «plato estrella» de una Semana Santa que mezclaba pasión y recogimiento, austeridad, abstinencia, devoción y ánimos contenidos.

En Semana Santa, una de romanos

Hay que reconocer que a los que nos encantaban las películas de romanos, la llegada de la Semana Santa era al principio una «bendición» pero, claro, con un poco de moderación, que hasta lo bueno acaba saturando. Para empezar, no había sala de cine, ya fuera de barrio o de estreno, en la que no se proyectara una de esas películas, así que no había elección posible: o una de romanos o una de romanos.

La misa en latín

El Retrovisor

Debo reconocer que lo de la misa en latín no me gustaba demasiado. Bueno, la verdad sea dicha, no me enteraba de casi nada. De hay quizá la expresión popular de «no enterarse de la misa la media», que viene que ni pintada. En realidad, la mayoría de la gente no estaba muy ducha en latín, así que es de suponer que no pillaban una y, como en mi caso, a veces había que hacer playback para que no se notara demasiado que no me sabía el texto.

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«¡Qué orgulloso estoy de mi padre!»

El Retrovisor

Cuando recuerdas alguna anécdota de tu padre o algo que hiciste con él cuando eras pequeño, no necesitas mucho para darte cuenta enseguida de que, para sentirte feliz a su lado, saber que lo querías con toda el alma y que estabas orgulloso/a de él, no hacía falta emprender grandes aventuras ni hacer cosas extraordinarias. Bastaba solo con salir a dar un paseo con él, cogerle de la mano o mirarle a los ojos. Nada más.

Y eso, en cierto modo, es lo que nos cuenta José María, Chema para los amigos, en este precioso relato, una historia real con la que quiere recordar de nuevo aquel maravilloso domingo que pasó junto a su padre. Aquella bonita mañana en la que simplemente fueron al Rastro a cambiar cromos, pero en la que todo acabó convirtiéndose en un día mágico que nunca ha podido olvidar…

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Para el «Día del padre»… del hijo, del primo o del cuñado

El Retrovisor

Si buscas un regalo especial para el «Día del padre», no olvides apuntar en tu lista de preferencias a «El Retrovisor». Este «paseo emocional por la memoria» es un libro ilustrado en el que cuento, en primera persona, recuerdos sencillos pero inolvidables sobre cómo era, especialmente en los años 60, la vida familiar, la vida en el barrio, en el colegio…, o cómo eran los juegos infantiles, las vacaciones, los programas de radio y televisión, la música, el cine, el deporte…, siempre con un tono afable y desenfadado. Todos ellos son recuerdos que nos pertenecieron durante un tiempo y que, de algún modo, nos siguen perteneciendo, porque sin ellos sería difícil escribir el corto o el largo relato del camino que hemos recorrido hasta ahora.

El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria (El ojo de Poe, 2019), 304 páginas.

El retrovisor

http://www.libreriagaztambide.com/retrovisor-el-un-paseo-emocional-por-la-memoria

https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/retrovisor-el-un-paseo-emocionante-por-la-memoria/molina-melgarejo-jose/9788412039467

https://www.todostuslibros.com/libros/retrovisor-el_978-84-120394-6-7

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Para el «Día de la madre»… de la cuñada o de la nuera

Si buscas un regalo especial para el «Día de la madre», no olvides apuntar en tu lista de preferencias a «El Retrovisor». Este «paseo emocional por la memoria» es un libro ilustrado en el que cuento, en primera persona, recuerdos sencillos pero inolvidables sobre cómo era, especialmente en los años 60, la vida familiar, la vida en el barrio, en el colegio…, o cómo eran los juegos infantiles, las vacaciones, los programas de radio y televisión, la música, el cine, el deporte…, siempre con un tono afable y desenfadado. Todos ellos son recuerdos que nos pertenecieron durante un tiempo y que, de algún modo, nos siguen perteneciendo, porque sin ellos sería difícil escribir el corto o el largo relato del camino que hemos recorrido hasta ahora.

El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria (El ojo de Poe, 2019), 304 páginas.

El retrovisor

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https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/retrovisor-el-un-paseo-emocionante-por-la-memoria/molina-melgarejo-jose/9788412039467

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«Y Dios me hizo mujer…»

«Verano» (detalle, 1943), de Edward Hopper

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Gioconda Belli, «El ojo de la mujer. Poesía reunida» (Visor de Poesía, 1991; r2015)

* Gioconda Belli (Managua, 1948), poeta y novelista, estuvo vinculada al Frente Sandinista de Liberación Nacional de 1970 a 1994. El compromiso político y el ser y el sentir femenino son los dos temas fundamentales en una obra que ha contado desde sus comienzos con el respaldo de la crítica y del público. Gioconda Belli se encuentra entre las escritoras latinoamericanas más leídas en América y Europa. De su novela futurista Waslala se han vendido un millón de ejemplares en Alemania, 400.000 en España y se han hecho varias ediciones en Latinoamérica.

Al «tito Pepín». In Memoriam

El Retrovisor

Pepín y su esposa María Luisa, poco después de casarse, paseando por la Acera del Casino de Granada. Pepín y su esposa María Luisa, poco después de casarse, paseando por la Acera del Casino de Granada.

No resulta fácil en tiempos revueltos como estos encontrar a gente de corazón grande y espíritu generoso, a personas de mirada tierna y sensible, capaces de hallar en los demás el mayor sentido de su vida.

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Cine de barrio (II). Sesión continua

Estoy seguro de que no hay un solo español que de pequeño, de joven o de mayor tuviera la sana costumbre de ir a cualquiera de los cines de sesión continua que había en su barrio (o en su pueblo, según localización del español en cuestión) que no los recuerde con verdadero cariño. Y es que en aquellos ya demasiado lejanos tiempos en que no andábamos muy sobrados de divertimentos, por no decir que algo justos, lo del ir al cine era toda una «aventura cotidiana» a la que resultaba difícil renunciar.

Cine de barrio (I). En cartelera

Cuando era pequeño, los lunes, al acabar el colegio, nunca solía quedarme a cambiar cromos o a jugar un rato al fútbol o al minibásket. Lo primero que hacía era ir corriendo a casa. Dejaba la cartera, cogía la merienda —por lo general, un trozo de pan con una onza de chocolate o con aceite y azúcar— y salía escopetado al cine del barrio, o sea, el Olimpia (en la foto), para ver qué ponían esa semana.

A Salvador Távora, teatro en las venas

El Retrovisor

Con ocasión del estreno en el teatro Albéniz de Madrid de la majestuosa «Carmen. Ópera andaluza de cornetas y tambores», allá por 1996, tuve el honor de poder entrevistar para la revista «Paisajes desde el tren» a su director, Salvador Távora, a quien hacía ya muchos años que admiraba por su impagable trabajo al frente de La Cuadra de Sevilla, una de aquellas compañías que nacieron a finales de los 60 y comienzos de los 70 con la etiqueta de «teatro independiente», y a las que aún no se les ha rendido el homenaje que merecen.

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Vespa con sidecar: 2 en 1

Foto: http://historiasdecerdanyola.blogspot.com/2014/05/familia-vadell-coll.html

Después de que, a mediados de los 50, las Vespas empezaron a circular por las calles españolas, tardaron poco en formar parte cotidiana del paisaje urbano de nuestras ciudades. Y es que lo de tener una de ellas no solo permitía moverse con facilidad por las ciudades y llegar hasta donde era imposible hacerlo con un coche, o sea, como ahora, sino también presumir de moderno. Y no digamos ya cuando la reluciente Vespa llevaba integrado un sidecar, que al conductor le daba aún más brillo y prestancia.

La radio: «Ustedes son formidables»

Difícil será encontrar a alguien que no recuerde aquellas tardes con toda la familia reunida alrededor de la mesa camilla escuchando la radio: concursos, canciones, comerciales, o sea, anuncios, seriales, «partes» de Radio Nacional… A las puertas aún de las primeras emisiones de TVE, habrá que convenir, desde luego, como diría la publicidad del Scattergories, que se aceptaba «radio» como «animal de compañía».

¡A las 9 en casa!

Cuando, en 1965, una diseñadora de moda británica llamada Mary Quant presentó una falda de apenas un palmo de tela, se desató la locura entre las adolescentes y jóvenes de la época. Claro que de eso a poder ponérsela había un abismo, porque, sobre todo en el caso de las chicas, en España aún no estaba el horno para bollos y la mayoría de nuestros patriarcas seguían siendo igual de conservadores y estrictos que los padres de sus padres. Y es que, en cuestiones de tolerancia, la modernidad todavía no se había instalado del todo en nuestras casas, y eso que en muchas de ellas ya había hasta televisión y lavadora. Pero, por lo visto, habían llegado antes los avances tecnológicos que los ideológicos.

Canciones del otro lado del Atlántico

El Retrovisor

Después de «fiebre del domingo por la tarde» —véase guateque— y «fiebre del sábado noche» —véase discoteca—, hubo un tiempo en el que, musical y emocionalmente, muchos nos sentíamos más argentinos, chilenos, peruanos o cubanos que franceses, alemanes, italianos o ingleses. Al fin y al cabo, compartir sentimientos, ansiedad y una misma lengua necesariamente creaba un vínculo invisible difícil de romper.

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«De España para los españoles» en «tierra extraña»

El Retrovisor

Primer contingente de emigrantes hacia Bélgica, en 1957. Foto: Manuel Iglesias (EFE)

Mientras asistimos atónitos, y a veces impasibles, a ese interminable drama de exiliados huyendo del exilio o refugiados tratando de encontrar «refugio» en fronteras que no tienen salida; migrantes de todos los colores exponiendo sus vidas en miserables pateras surcando mares revueltos; barcos de rescate Aquarius o Diciotti a la deriva sin un puerto en el que poder desembarcar su «mercancía»…, y autoridades que solo admiten invitados exclusivos en sus «casas de lujo», los recuerdos de nuestra propia tragedia humana se van poco a poco desvaneciendo.

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Nevadas

El Retrovisor

Valencia 1946 – Porta del Mar. Archivo Jacinto Aupí Agramont

Por Manuel Vicent («El País». 11-2-2018)

Conocí por primera vez la nieve el 15 de enero de 1946, a los 10 años. El día de Reyes en el cine del pueblo habían echado la película «Argel» y aun estaban Charles Boyer y Hedy Lamarr mirándose a los ojos en los cartones expuestos en la fachada del bar Nacional cuando sobre ellos empezaron a caer los primeros copos. Camino de la escuela, mientras sonaba en mi bolsa la caja de lápices Alpino, vi que la nieve caía también sobre el tiovivo y los barracones de tiro que estaban montando los feriantes para la fiesta de San Sebastián. A media tarde la nieve ya había cubierto los tejados, los campos de hortalizas, los naranjos y los nidos de los pájaros que yo me sabía. Durante toda la noche continuó nevando dentro de…

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La Cabalgata de Reyes. Preludio de una noche mágica

Cabalgata de Reyes Magos organizada por Radio Madrid, bajando por la calle de Alcalá, en 1959. Foto «ABC»

Desde luego, uno de los momentos más emocionantes de aquellas Navidades que de pequeños vivíamos con verdadera pasión era la Cabalgata de Reyes; o sea, el evento que nos permitía certificar por nosotros mismos que, en efecto, los Reyes Magos ya estaban en nuestra ciudad, en nuestro pueblo o en nuestro barrio para esa misma noche traernos los regalos que mejor les parecían, habida cuenta de que de los que les pedíamos por carta con tanta ilusión nunca había ni rastro.

Y en Navidad…Torneo de Baloncesto del Real Madrid

Hace ya años, como también suele suceder ahora, durante las «tan señaladas» fiestas navideñas se suspendían la mayoría de las competiciones deportivas, así que pocos eventos interesantes nos quedaban en la recámara. Uno de ellos, por supuesto, era el famoso Torneo Internacional de Navidad de Baloncesto, que cada año organizaba el Real Madrid, y que todos los aficionados a este deporte, y más aún si éramos merengones, celebrábamos con verdadero entusiasmo.

Buen viaje, mamá

El 26 de diciembre hubiese cumplido 94 años, pero hace ya más de tres años que pensó que seguramente ya no valía la pena seguir celebrando su cumpleaños. Al fin y al cabo, hacía ya mucho tiempo que había comprado «online» un billete para el último tren que pasara por su vida con destino a cualquier sitio, a ser posible uno mejor que en el que ahora transitaba, que, sinceramente, no le estaba dando muchas alegrías.

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Decálogo navideño

[Consejos para pasar una Navidad «como Dios manda»]

A ver, seamos sinceros. No digo yo que hoy día no se celebre con entusiasmo la Navidad, pero habrá que convenir que nada comparable a como antes se vivía, con aquella ilusión, aquel fragor y aquel empeño por pasarlo bien, que irremediablemente hacía que fuera raro que alguien no disfrutara de ella más que de cualquier otro evento del año.

«Los Intocables»… de Eliot Ness

¡Ojo a la que se nos venía encima! De pronto, en la primera escena del primer capítulo de una serie de la que casi nada habíamos oído hablar hasta entonces, dos tipos, pistola y ametralladora en mano, entran en una peluquería-barbería y, después de darles las pertinentes felicitaciones a los clientes, se lían a tiro limpio con ellos. Así, como el que no quiere la cosa. Acto seguido: presentación de la serie, protagonistas y título del capítulo, «El trono vacío». Inmediatamente después segunda escena, en la que una voz en off cuenta que, el 5 de mayo de 1932, el famoso gánster Al Capone, detenido por evasión de impuestos, va camino de prisión, donde cumplirá una condena de once años… ¿Qué, cómo te quedas?

21 de noviembre ¡Solo ante el tallaje!

Dos eldenses siguen la noticia de la muerte de Franco

¡Vaya por Dios! No había días en todo el año, y va y el 21 de noviembre de 1975, que ya es casualidad, me toca ir a eso que se llamaba «tallarse», o sea, a ver si te daban o no el visto bueno para ir a la «mili»; mejor dicho, al Servicio Militar, para darle un tono más serio al asunto, que por aquel entonces todavía era obligatorio, como ir a la escuela, echarte novia y hacerte un hombre de provecho.

Los futboleros de los 50 saltan al campo

Este libro está especialmente dedicado a todos esos aficionados al fútbol nacidos en los años 50, a aquellos que crecieron dándole patadas a un balón; viviendo la apasionante aventura de ir a un partido para poder ver de cerca a los jugadores que tanto admiraban; escuchando por radio las retransmisiones simultáneas de los encuentros de cada jornada, o viendo por televisión el emocionante partido del domingo por la tarde… A aquellos a los que ver jugar a Pelé, Di Stéfano, Kubala o Luis Suárez les despertó la pasión por el fútbol y, con el paso del tiempo, siguieron alimentándola con cada jugada de Bobby Charlton, Eusébio, Beckenbauer o Cruyff, o cada gol de Müller, Gárate o Quini…

Un libro ilustrado con las ligas, las copas y los mundiales de nuestra infancia y juventud (1950-1978) para vibrar de nuevo con esos entrañables recuerdos.

Con prólogo de Pepe Domingo Castaño y entrevista a Amancio Amaro

José Molina Melgarejo, Nosotros, los niños futboleros nacidos en los años 50 (B. Senior Expert SL, 2020) 144 páginas ilustradas

https://latam.casadellibro.com/libro-nosotros-los-ninos-futboleros-nacidos-en-los-anos-50-las-ligas-las-copas-y-los-mundiales-de-nuestra-infancia-y-juventud/9788412040388/11452261

https://www.calledelregalo.es/regalo/libro-nosotros-los-ninos-futboleros-con-tarjeta-1950/?gclid=CjwKCAiAv4n9BRA9EiwA30WND_SNEQrMVUSUGTXcsYud2H3wyF_oilTko9WPNxO94OlqbXBSEc3XhhoCcuIQAvD_BwE

Invierno «a punto»

El Retrovisor

Ya en pleno otoño y con el invierno tiritando a la vuelta de la esquina, que cuando menos te lo esperas ya está llamando a la puerta, conviene proceder de inmediato a la comprobación de las armas de calentamiento corporal con las que contamos en nuestro fondo armario, si es que el armario dispone de fondo, y si es que es menester renovar al arsenal de defensa, no vaya a ser que en uno de esos ataques imprevistos de frío intensivo se nos congele hasta el corazón y la «liemos parda».

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CARTAS DE UNA DESCONOCIDA (I). A Sara Montiel

El Retrovisor

Querida Sara:

Sé que llego muy tarde y que debía haberte escrito mucho antes. Te pido perdón por ello. Pero no tuve valor de hacerlo o quizá es que me daba mucha vergüenza. Ahora sé que va a ser difícil que leas esta carta, porque falleciste en 2013, pero nunca se sabe. Yo que soy muy religiosa y creo en los milagros pienso que a lo mejor, cuando la envíe por correo, quién sabe si hay algún ángel por ahí que me hace el favor de dártela en mano. Bueno, sé que suena un poco ridículo, pero he visto que pasan cosas así en las películas, así que por qué no pensar que pueda hacerse realidad. También intenté saludarte alguna que otra vez cuando iba a los estrenos de algunas de tus películas, pero siempre había tanta gente a tu alrededor, que no había manera de acercarme a ti para…

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Un disco muy «sencillo»

Ni siquiera recuerdo si aquellos pequeños discos de vinilo de 7’’ y 45 rpm que tanto nos gustaban tenían algún nombre especial. En realidad, creo que simplemente los llamábamos «discos»; o sea, nada de «sencillos» o de «singles», como años después se conocerían, seguramente porque no concebíamos que los hubiera de otro tipo, salvo cuando hablábamos de los LP —«Long Play», claro—, es decir, de los álbumes, como ya se ha generalizado. Pero eso ya eran palabras mayores.

Manuel Orantes, el otro Manolo

El Retrovisor

Que yo recuerde, ni en la década de los 60 ni en la de los 70 llegué a conocer a un amigo, familiar, vecino o conocido que jugara al tenis. Bueno, conocido sí, porque en esos años teníamos hasta en la sopa a un tal Manuel Santana, que había tenido la ocurrencia de ganar el torno de Roland Garros en 1961 y 1964, el US Open en 1965, y el de Wimbledon en 1966, lo que significaba que, de la noche a la mañana, el tenis se había convertido en “deporte nacional”, aunque casi nadie sabía muy bien cómo era eso del set y, sobre todo, lo de pasar de 15 a 30 y luego a 40 en un juego.

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El «pegadizo» sofá de escay

Según el «Diccionario panhispánico de dudas» dela RAE, que se las sabe todas, «escay» es la adaptación gráfica de la marca registrada «skai», usada en España para designar «cierto material sintético que imita el cuero». Y a modo de ejemplo utiliza la siguiente frase: «Ellas se sentaban en un sofá de escay negro» (Aparicio «Retratos» [Esp. 1989]). Además, advierte de que debe evitarse el uso de la forma no adaptada «skai», así como el de la grafía «skay», que es el término original inglés.

Quino deja huérfana a Mafalda

 

Sigue pareciendo una niña idealista, mordaz e inteligente, pero, aunque no lo parezca, el pasado 29 de septiembre Mafalda cumplió 56 años. ¡Eso es conservarse bien! En concreto, su creador, el humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado, más conocido (o solo conocido) por el seudónimo de Quino, del que ayer nos despedimos con un «hasta luego», publicó en 1964 la primera historieta protagonizada por su inolvidable personaje en el suplemento humorístico «Gregorio» de la revista «Leoplán».

Continuar leyendo «Quino deja huérfana a Mafalda»

¡Alerta roja: practicante a la vista!

Ilustración: Sara Molina

Ni las películas de terror, ni aquellas historias que nos contaban del «comemantecas» o del «hombre del saco», ni tan siquiera las amenazas que a veces nos proferían de que acabaríamos ardiendo en las calderas de Pedro Botero si no nos comportábamos como Dios manda. Nada de todo aquello nos daba tanto miedo como sentir la intimidante presencia del ¡practicante! Sí, el practicante, aquel «criminal en serie» al que, de tarde en tarde, visitábamos en el dispensario o venía a casa solo pertrechado de agujas y jeringas, pero dispuesto a asestar a sus pequeñas víctimas las más dolorosas y terribles estocadas. Continuar leyendo «¡Alerta roja: practicante a la vista!»

«La tía Tula», retrato de la España provinciana

Estrenada en el cine Lope de Vega de Madrid, el 21 de septiembre de 1964, «La tía Tula», según acertadamente se resalta en la web de «Filmin», es una «asombrosa adaptación de la obra de Miguel de Unamuno. Toda una conmoción para el cine español de los sesenta que alcanza un rigor dramático y una solidez formal inaudita para plasmar un brillante recuadro de la sociedad provinciana de la época» (Miguel Ángel Palomo). Continuar leyendo ««La tía Tula», retrato de la España provinciana»

«El Retrovisor» en la Librería Gaztambide

Si buscas algún ejemplar de «El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria», pero te resulta difícil o te da pereza comprarlo por internet, puedes acercarte a la Librería Gaztambide, donde te atenderán estupendamente. Por supuesto, su venta online también es una magnífica alternativa para aquellos que prefieren comprar desde casa.

Librería Gaztambide

C./ Meléndez Valdés, 52 – 28015 Madrid (Argüelles)

Tfno. 915 503 172

libreriaonline@libreriagaztambide.com

http://www.libreriagaztambide.com/retrovisor-el-un-paseo-emocional-por-la-memoria

«Los chicos del Preu», pero no los de la peli

Fotograma de «Los chicos del Preu», con Karina en primer término

Seguro que alguien llegó a ver en su momento, o quién sabe si más recientemente, «Los chicos del Preu», la película de Pedro Lazaga que narra, como bien se resume en Wikipedia, «las inquietudes, problemas, amores, amistades, desencuentros y experiencias de un grupo de jóvenes que emprenden un nuevo curso escolar, el Preuniversitario, que les dará acceso a la Universidad y, por tanto, a la vida adulta. La trama está vista a través de los ojos de Andrés Martín (Emilio Gutiérrez Caba), un muchacho de Tomelloso [ya decía yo que, además de Plinio, conocía a alguien más de esta localidad manchega] que llega a Madrid con una beca y queda fascinado por la vida en la capital. Después, al percatarse del gran esfuerzo económico que deben hacer sus padres, decide ganar dinero descargando camiones en un mercado y compaginar este trabajo con los estudios». Continuar leyendo ««Los chicos del Preu», pero no los de la peli»

¡La vuelta al cole!

[En época de normalidad]

Pues sí, aunque parezca mentira, después de un largo verano, por fin comienza el nuevo curso escolar. ¡Qué alegría, dirán muchos, especialmente padres! Como cada año, el entusiasmo de los niños y niñas que vuelven a clase crece en la misma proporción en la que adelgazan los bolsillos de los padres, que de pronto parecen sufrir un ataque severo de raquitismo; o sea, con la nueva «temporada escolar», inevitablemente, se inicia también la adquisición de nuevo equipamiento: libros de texto, mochila, uniforme, chándal, zapatillas de deporte…, y un sinfín de cosas más que resulta imposible enumerar ahora. En definitiva, una ruina total. Continuar leyendo «¡La vuelta al cole!»

¡A bailar el «Casatschok»!

Aún no nos habíamos recuperado del todo de tanto bailar «La Yenka», después de que Johnny y Charlie Kurt la trajeran desde Holanda a mediados de los 60, y va y, en 1969, el francés afincado en España Georgie Dann, que tenía todas las papeletas para convertirse en un cantante muy popular, se descuelga con el «Casatschok». ¡Madre mía, qué sofoco! Y es que, así a primera vista, parecía difícil aprender a bailar aquella canción inspirada en el folclore ucraniano y que, según parecía, era una versión de «Katyusha», una melodía soviética que se hizo muy famosa en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Continuar leyendo «¡A bailar el «Casatschok»!»

Vida y «milagro» del balón de reglamento

El Retrovisor

A la hora de decidir a qué jugábamos esa tarde en la calle, no era difícil hacernos con unas cuantas canicas para jugar al «gua», unas peonzas para bailarlas, unas tabas, unos tacones de zapatos o unas chapas para inaugurar la «Vuelta ciclista con chapas», cuestiones todas ellas ya tratadas y analizadas con anterioridad. El problema surgía cuando a muchos nos apetecía echar un partido de fútbol. Y no es que no pudiéramos conseguir un balón de fútbol, porque siempre alguno tenía en su casa uno de goma, como se conocía entonces. La cuestión es que era tan ligero, que cuando le dabas una patada se disparaba calle abajo unos cientos de metros, así que solíamos pasarnos más tiempo yendo a por el balón que jugando.

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A mi tita María Luisa. In memoriam

Se ha marchado sin molestar, como a ella le gustaba; en silencio, no fuera a ser que si se quejaba mucho acabara despertando a los demás y nos los dejara descansar. Así había sido toda su vida, y así quiso que fuera hasta su último aliento. Por eso seguramente pensó que, a sus 88 años, ya había vivido lo suficiente, y que lo mejor era emprender viaje al cielo antes de que, aquí en la tierra, tuvieran que cuidar demasiado de ella, algo a lo que no estaba acostumbrada ni parecía dispuesta a consentir. Al fin y al cabo, la gloria la tenía ganada desde hacía ya mucho tiempo, y reservado asiento en primera clase para que su viaje a la eternidad, donde ya la esperan con todos los honores, sea lo más placentero posible. Continuar leyendo «A mi tita María Luisa. In memoriam»

Fórmula V Éxito garantizado

El Retrovisor

No hay ninguna duda. Seguro que si hubiera que elegir, por votación popular, al grupo español de finales de los 60 y principios de los 70 que más éxito tenía, el premio se lo llevaría por unanimidad Fórmula V, aquellos jóvenes madrileños que, a partir de 1968, invadieron con sus canciones las listas de ventas, los guateques, las emisoras de radio y los programas de televisión; o sea, todo lo que oliera a música, fiesta y diversión.

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23 de julio: Especial Día del Libro

El Retrovisor

Para celebrar este extraño Día Internacional del Libro, después de cuarenta días de confinamiento, te invito a subirte al tren del «Retrovisor» y emprender un «paseo emocional a través de la memoria», durante el cual encontrarás recuerdos sencillos pero inolvidables sobre cómo era, especialmente en los años 60, la vida familiar, en el barrio, en el colegio…; o cómo, desde la distancia, eran los juegos infantiles, las vacaciones, los programas de radio y de televisión, la música, el cine, el deporte…, siempre con un tono afable y desenfadado. «Todos ellos recuerdos que nos pertenecieron durante un tiempo y que, de algún modo, nos siguen perteneciendo, porque sin ellos sería difícil escribir el corto o el largo relato del camino que hemos recorrido hasta ahora».

https://elretrovisorblog.wordpress.com/pedir-libro/

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De paseo por la Luna

Buzz Aldrin ante la bandera de EE UU en la Luna, el 20 de julio de 1969 (NASA)

Según la rumorología popular, hay tres momentos de nuestra historia en los que todo el mundo recuerda qué estaba haciendo en ese justo momento. Uno es la cogida de Manolete, el 28 de agosto de 1948, en la plaza de toros de Linares. Otro, el histórico gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil, el 2 de julio de 1950. Y, por último, la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969. Continuar leyendo «De paseo por la Luna»

Broncearse o achicharrarse

La verdad es que hasta no hace demasiado, que el tiempo corre que es una barbaridad, no estábamos muy al tanto de eso que hoy ya se conoce oficialmente como «protector solar», y que ni más ni menos que consiste en una crema que sirve para proteger nuestra piel de los graves estragos que puede provocarnos pasar horas a pecho descubierto tomando el sol, sin tan siquiera una mísera sombrilla a la que echar mano. Continuar leyendo «Broncearse o achicharrarse»

La merienda… ¡y a la calle!

Las vacaciones de verano estaban básicamente, o únicamente, para divertirse y jugar con los amigos. ¡Y vaya si nos cundía! En aquel tiempo, o sea, a mediados de los 60, el verano era casi interminable: desde que acababan las clases y hasta que volvíamos al colegio había un mundo de tiempo libre entre medias que aprovechábamos todo lo que podíamos. Continuar leyendo «La merienda… ¡y a la calle!»

Valora «El Retrovisor»

Se ruega encarecidamente a todo aquel que haya tenido a bien leer «El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria» que, si dispone de tiempo y un poco de voluntad altruista, deje por favor algún comentario sobre el libro en el apartado de «Valoraciones» de la revista literaria y editorial «Las nueve musas», cuyo enlace dejo al final de esta llamada a la desinteresada promoción del libro. Se admiten, por supuesto, todo tipo de críticas, incluso las constructivas y de venganza personal, aunque se agradecen mucho más las elogiables, plausibles y altamente positivas.

https://www.lasnuevemusasediciones.com/libreria/literatura/cuentos-y-relatos/el-retrovisor/

Un millón de gracias y siempre a vuestro servicio.

El perpetrador del susodicho libro

Vuelta ciclista… con chapas

El Retrovisor

Las chapas eran, sin duda, una de las «grandes atracciones» de aquellas largas y entretenidas vacaciones de verano de mediados de los años 60 (o de la época que cada uno recuerde). Pero, como no solo de fútbol se vivía entonces, había que darle distintas alternativas.

Entre ellas, la que más solía gustar era la de disputar, durante varios días seguidos, una «vuelta ciclista», sustituyendo, claro está, las bicicletas por chapas, que lo cosa no daba para más. ¡Ya hubiéramos querido entonces tener nuestras propias bicicletas para echar carreras, pasear con ellas o lo que se terciara!

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Raymond Burr como Perry Mason

El Retrovisor

Vistas como andan las cosas hoy día en nuestro país —coronavirus al margen—, con tantas tramas judiciales de todos los colores y para todos los gustos, la verdad es que nos vendría nada mal tener a un nuevo Perry Mason en casa; o sea, a aquel experto abogado que, en los años 50 y 60, era el protagonista de una de las series de TV que más éxito tuvo entonces.

Interpretada por Raymond Burr, un gran actor con aspecto de tipo implacable y seguro de sí mismo, «Perry Mason», en efecto, batió récords de audiencia y nos permitió casi doctorarnos en derecho, teniendo en cuenta todo lo que aprendíamos, en cada capítulo, en los juicios en los que el susodicho abogado tenía que defender un difícil caso, generalmente con un complejo asesinato de por medio, de esos que daban para un argumento lleno de enredos, intrigas y misterios.

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Cliff Richard, «Congratulations»

Desde luego, tuvo guasa la cosa. Me explico: para una vez que ganamos Eurovisión, o sea, en 1968, con el famoso «La, La, La» que interpretó Massiel, va y en España arrasa la canción que quedó en segundo lugar. Sí, no hace falta recordarlo, «Congratulations», que cantaba un británico llamado Cliff Richard, que aquí muy pocos conocían aún, y que, según todas las encuestas, era el gran favorito para ganar el Festival, sobre todo porque «jugaba en casa». Continuar leyendo «Cliff Richard, «Congratulations»»

¡Al rico corte helado!

Sin discusión alguna, el corte de helado o helado al corte, al parecer también conocido como «helado napolitano» o «cassata brick», según consta en nuestro consultorio básico, o sea, Wikipedia —que no añade el posterior calificativo de «sándwich»—, era el rey del surtido heladero de la época, por encima incluso del helado de cucurucho. Al menos esa es la impresión personal que tengo después de repasar cuál era realmente el más solicitado tanto en las escasas heladerías que había por aquel entonces —la época concreta ya que la ponga cada uno— como en los muchos carritos de helados que recorrían las calles de las ciudades, lo cual era una alivio en días calurosos de verano. Continuar leyendo «¡Al rico corte helado!»

Francia rehabilita a Louis de Funès como maestro de la comedia

Por Álex Vicente, «El País» (3-5-2020)

Menospreciado durante años por su humor pedestre y su expresividad histérica, sin rival en la taquilla a lo largo de dos décadas, el cine de Louis de Funès protagoniza una inesperada rehabilitación en Francia. La reposición televisiva de sus películas, rescatadas para aportar una pizca de sosiego al confinamiento, ha congregado cinco millones de espectadores por título. Una exposición en la Cinemateca Francesa, la primera dedicada a un actor, tenía que abrir sus puertas el 1 de abril. La crisis sanitaria obligó a aplazar la inauguración, lo que no ha logrado frenar una reivindicación que llevaba tiempo fraguándose. En 2019 ya se inauguró un museo dedicado a su obra en Saint-Raphaël, en la Costa Azul, donde su mítico personaje de gendarme impuso la ley en los sesenta, antes de filmes tan exitosos como «La gran juerga» (1966), «El gran restaurante» (1966) o «El tatuado» (1968). Continuar leyendo «Francia rehabilita a Louis de Funès como maestro de la comedia»

La revolución de la minifalda

Mary Quant, en el centro, con dos modelos luciendo la minifalda. Foto: Getty Image

¡Quién iba a decirle a la diseñadora británica Mary Quant, allá por 1963, el revuelo que iba a generar en medio planeta, por no decir el planeta entero, el invento de su popular «minifalda», aunque, para que quede constancia de ello, la paternidad de tan revolucionaria prenda todavía se sigue disputando entre ella y el diseñador francés André Courrèges. Continuar leyendo «La revolución de la minifalda»

Pepe Isbert, «actor de cabecera»

Resultaría difícil entender muchas de las películas españolas de los años 50 y 60 sin la presencia de aquel extraordinario actor que atendía al nombre familiarmente reconocido de Pepe Isbert, aunque, para que quede constancia de ello, el auténtico era José Enrique Benito y Emeterio Ysbert Alvarruiz. Continuar leyendo «Pepe Isbert, «actor de cabecera»»

23 de julio: Especial Día del Libro

Para celebrar este extraño Día Internacional del Libro, te invito a subirte al tren del «Retrovisor» y emprender un «paseo emocional a través de la memoria», durante el cual encontrarás recuerdos sencillos pero inolvidables sobre cómo era, especialmente en los años 60, la vida familiar, en el barrio, en el colegio…; o cómo, desde la distancia, eran los juegos infantiles, las vacaciones, los programas de radio y de televisión, la música, el cine, el deporte…, siempre con un tono afable y desenfadado. «Todos ellos recuerdos que nos pertenecieron durante un tiempo y que, de algún modo, nos siguen perteneciendo, porque sin ellos sería difícil escribir el corto o el largo relato del camino que hemos recorrido hasta ahora».

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Herta Frankel y su Perrita Marilín

El Retrovisor

Los más pequeños de la casa, aunque dudo de si no había que incluir también a los más mayores, éramos fans incondicionales de aquella perrita caniche llamada Marilín que, a pesar de ser bastante impertinente y respondona, nos parecía realmente encantadora. De hecho, era difícil no encontrar a un niño o una niña de la época, o sea, de mediados de los años 60, que no quisiera tener una Marilín en su casa, porque para impertinente y responda ya teníamos a nuestra hermana mayor.

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«Mantenga limpia España»

Si mis fuentes de información no me engañan, algo a lo que no siempre puedo dar crédito, en 1964, o sea, mientras curiosamente celebrábamos con verdadero entusiasmo el triunfo de la Selección Española de Fútbol en la Eurocopa celebrada en Madrid —entonces denominada Copa de Naciones—, la campaña «Mantenga limpia España», promovida por el «activo» Ministerio de Información y Turismo, andaba a pleno rendimiento. Continuar leyendo ««Mantenga limpia España»»

Para empezar, secretariado

El Retrovisor

Cuando, a los 18 años, una chica debía decidir qué hacer en el futuro, en lo primero que casi siempre pensaba era en hacer un curso de secretariado, o sea, estudiar taquigrafía y mecanografía, y luego francés, que era el idioma que más cerca nos pillaba y, sin duda, el que considerábamos de mayor proyección internacional. Lo de saber inglés, alemán o chino estaba claro que todavía no nos tentaba demasiado. Probablemente es que, por extrañas razones que se desconocen, en aquel tiempo las mujeres que decidían ponerse a trabajar estaban predestinadas a ser secretarias de dirección o administrativas en alguna oficina, o eso al menos se creía.

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Arturo Pomar, el español que se enfrentó a Bobby Fischer

Paco Cerdà glosa en «El peón» el duelo que tuvo lugar en 1962 entre Arturo Pomar y el campeón mundial del ajedrez

Por Leontxo García («Babelia», en «El País», 7-3-2020)

Los apasionantes perfiles de Bobby Fischer y Arturo Pomar, dos genios encumbrados por los Gobiernos de sus países, y abandonados después cuando necesitaban ayuda, encarnan bien las miserias y grandezas de Estados Unidos y España, respectivamente. Paco Cerdà toma como percha en «El peón» (Pepitas de Calabaza) la primera partida entre ambos ajedrecistas, en 1962, y sobre ella cuelga historias impactantes de otros peones tan desdichados como necesarios para el progreso del mundo. Continuar leyendo «Arturo Pomar, el español que se enfrentó a Bobby Fischer»