¡Una de indios!

A mis amigos y a mí nos encantaban las películas del Oeste, así que estábamos deseando que proyectaran una de ellas en cualquiera de los muchos cines que había en el barrio, fuera de la época que fuera, o sea, de los 40, los 50 o los 60, en blanco y negro, en sepia o en color, que en eso en las sesiones dobles no había discriminación.

Eso sí, no a todos nos gustaban las mismas historias ni los mismos personajes. Algunos, por ejemplo, preferían los filmes en los que aparecían muchos vaqueros, buenos y malos, que se liaban a tiros en “duelos al sol” y, sobre todo, que hubiera mucha “sed de venganza”, que era lo que más predominaba en casi todas ellas y lo que más entusiasmo provocaba. Por eso, no se perdían títulos del tipo Duelo de titanes, Texas, Centauros del desierto, Horizontes de grandeza, Solo ante el peligro, Río Bravo, Río Rojo, Hoguera de odios, El sheriff de Oracle…, y tantos otros más; todos ellos, por cierto, grandes filmes del género western, como luego aprendimos que se dice.

A otros también nos gustaban mucho esas películas, pero las que de verdad nos encantaban eran aquellas en las aparecían soldados del ejército de Estados Unidos e indios, pero no unos indios cualquiera, sino esos malísimos y sin escrúpulos que atacaban diligencias, mataban a colonos y cortaban cabelleras a diestro y siniestro. ¡Qué miedo nos daban! Pero también qué entusiasmo nos producía cuando, en plena faena sangrienta, de pronto se escuchaba a lo lejos una corneta, que indicaba que ya se acercaba un regimiento del ejército para auxiliar a las víctimas. Bueno, y si ese regimiento era ¡el 7.º de Caballería!, la locura que se desataba en el cine era mayúscula. La mayoría de los asistentes ardíamos en gritos y aplausos, y se montaba la de San Quintín. ¡Qué momento!

Por eso nos emocionábamos cuando íbamos a ver películas como Fort Apache, Murieron con las botas puestas, Río Grande, Misión de audaces, Flecha rota, El gran combate… y, sobre todo, La legión invencible (1949), que siempre fue mi favorita y la que me permitió descubrir que había un director llamado John Ford que bordaba este tipo de películas, y un actor que atendía al nombre de John Wayne, al que el uniforme le sentaba como un guante y que se movía como si hubiera nacido a lomos de un caballo.

4 comentarios sobre “¡Una de indios!

  1. Querido Pepe, ¡Con una de indios! , acaba de aflorar en mi, el niño que llevo dentro, pues yo también disfrutaba “un puñao” con esas legendarias películas en el cine de verano de mi pueblo, deseando ver a esos magníficos pistoleros batirse en duelo. Cuando salíamos, a mas de uno nos daba por imitar al personaje en cuestión y liarnos a tortazo limpio, indios contra vaqueros, hasta que algún intrépido quería cortar alguna cabellera, ¡en el pueblo que éramos un poco brutos!. La batalla se terminaba cuando salía alguna madre, escoba en ristre, que entraba entre nosotros cuan General Caster al mando del “7º de caballería”. ¡Puf! menudos años aquellos, ¡que batallas más memorables!. Bueno seguiremos hablando porque empiezo a emocionarme al recordar.
    Un abrazo, Rafael.

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    1. Si quieres, algún día nos batimos en duelo en OK Corral. Conozco al sheriff del lugar y seguro que nos deja celebrarlo. El que pierda invita a una ronda de whisky en la cantina del puebo. ¿Cómo lo ves? Llevaré mi colt 45 que es infalible. Con él logré incluso disparle a Billy el Niño; bueno, que ya no es tan niño. De hecho, vive en una residencia para pistoleros retirados.
      Gracias por entrar en el blog.
      Doc Pepe

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  2. Sr Molina me encanta sus relatos porque parecen formar part e de mi vida: a las chicas también nos gustaban las pelis del oeste y como las escuelas formaban parte del ayuntamiento de mi pueblo, sito en la plaza, donde hay y había jardines; durante el recreo jugábamos a indios y americanos, las lanzas y flechas eran ramas de los jardines, lo que nos acarreo en alguna ocasión un buen susto,porqué subió el inspector de los municipales al colegio y dijo que nos iba a meter en el calabozo por coger ramas de los jardines.
    Por cierto, yo era la jefa de los indios.
    Hasta otro día; saludos.

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