El inolvidable festival de la OTI

Hay que ver el entusiasmo con el que acogimos la celebración, el 25 de noviembre de 1972, de la primera edición del Festival OTI de la Canción, cuyo recuerdo resulta francamente estupendo para festejar el Día de la Hispanidad o el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, por citar solo algunos ejemplos que se ahora me vienen a la memoria y que nos sirven para recuperar el espíritu «hispano-americano» de otros tiempos.

Como muchos recordarán, OTI son las siglas de Organización de Telecomunicaciones Iberoamericanas, lo que significa que en este certamen musical, que nació siguiendo la estela del de Eurovisión, solo participaban países de hablan hispana y portuguesa —con la salvedad de EE UU, aunque sus representantes cantaban en español—, lo que hacía que nos sintiéramos como en casa, quizá porque, en aquellos tiempos no tan remotos, nos sentíamos emocionalmente más amarrados a lo que fluía al otro lado del Atlántico que lo que se cocía aquí más cerca, en el corazón de Europa.

Con esas magníficas perspectivas, no es de extrañar que para aquella primera edición se eligiera a un «peso pesado» de nuestro nutrido panorama artístico. Y qué mejor que Marisol, que aún estaba en lo más alto de su popularidad, para representarnos con todos los honores. Por desgracia, solo pudo ser tercera, pero su canción, «Niña», un precioso tema compuesto por el impagable Manuel Alejandro, tuvo un éxito extraordinario tanto en España como en toda Latinoamérica.

Teniendo en cuenta cómo nos iba en Eurovisión, y cómo nos iba a ir en el futuro, a pesar de todo no fue mal comienzo el de Marisol. La cosa prometía, desde luego, así que para las siguientes ediciones también enviamos a algunos de nuestros más consagrados artistas, como Camilo Sesto, que fue 5.º con «Algo más»; Lia Uyá, 4.ª con «El lapicero de madera»; Cecilia, que participó con la bonita canción de Juan Carlos Calderón «Amor de medianoche», y, la gran sorpresa, María Ostiz, la cantautora asturiana que, para incredulidad de propios y extraños, triunfó en la edición de 1976 con el tema «Canta cigarra», que también sonó de lo lindo en los 70.

Aquella «colosal» victoria, sin duda, acrecentó aún más el entusiasmo por el festival de la OTI, al que, hasta el año 2000, fecha en que se celebró la última edición, se siguió enviando a cantantes de alto calado, como Francisco, que repitió victoria en 1981 con la popular y muy apropiada «Latino», y en 1992, con «Adónde voy sin ti».

En total, España ganó seis veces aquel famoso certamen, que tantas alegrías nos dio durante muchos años y que, mientras duró, logró aumentar nuestra autoestima musical, que tan baja teníamos hasta entonces, lo que nos permitió subir a lo más alto del podio, igualados «a puntos» con México.

La plata fue para Argentina, con cuatro triunfos, y el bronce para Brasil, con tres. Los premios de consolación fueron para Chile, Estados Unidos, Puerto Rico y Venezuela, que ganaron en dos ocasiones, y Nicaragua, solo en una, pero vaya triunfo. Y es que la pegadiza canción con la que el nicaragüense Guayo González triunfó en la edición de 1977, celebrada, por cierto, en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, fue uno de los mayores éxitos que dio el festival. El tema, como muchos recordarán, se titulaba «Quincho Barrilete», y su compositor era nada menos que Carlos Mejía Godoy, quien, junto a Los de Palacagüina, disfrutó en nuestro país de un largo periodo de esplendor.

 

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