“Vuelo 605”: directo al cielo

Amante incondicional como he sido desde joven, y aún sigo siendo, de la radio, durante largos años he tenido la inmensa fortuna de poder ir descubriendo voces y programas que no solo han sido una impagable compañía, sino que también me han provocado todo tipo de sensaciones: alegría, emoción, ternura, tristeza… y hasta inquietud.Angel Alvarez En esa extensa y gratificante experiencia radiofónica, creo que no he conocido voz más cálida y seductora que la de Ángel Álvarez, aquel piloto y radiotelegrafista de Iberia que, un buen día, decidió emprender su propio viaje estelar, al que muchos decidimos subirnos.

Primero en Caravana musical, con el que, en 1960, en La Voz de Madrid, inició su aventura como locutor, y luego en ese Vuelo 605, que era como se llamaba el mítico programa que condujo con gran pericia desde 1963 y hasta 2004, con alguna pequeña escala durante el trayecto, fuimos sumergiéndonos en un apasionante viaje musical por estilos y canciones que nunca antes habíamos escuchado.

Cada tarde o noche de emisión, el inolvidable Ángel Álvarez nos iba introduciendo, con su voz susurrante y su exquisito gusto por la buena música, en melodías y sonidos que, sin querer o queriendo, nos iluminaban la vida. Él fue, por ejemplo, el primero en presentarnos las primeras canciones de los Beatles, en revelarnos a músicos y cantantes como Pete Seeger, Jim Reeves, Ricky Nelson, The Shadows, BB King, Johnny and the Hurricanes, Everly Brothers, The Beah Boys, Jethro Tull, Bob Dylan y tantos otros. Él fue quien quiso que supiéramos que, al otro lado de nuestro particular y estrecho mundo, existía el country, el soul, el jazz, la bossanova o el rock&roll.

Desde Radio Peninsular, Radio Madrid FM, Cadena Minuto y M-80, donde realizó su último aterrizaje radiofónico, Ángel Álvarez supo seducirnos dulcemente con su voz y con su música, enseñarnos que, con una buena melodía de fondo, la vida puede ser más maravillosa aún. Y sinceramente creo que nunca le agradeceré lo suficiente que me acompañara, durante aquellas largas y tediosas noches de soledad, al compás de “Missing You”, de John Wait, de “American Pie”, de Don McLean, o de “Young Emotions”, de Ricky Nelson.

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