La revolución del panty

Aunque parezca mentira, hasta ya entrados los años 60 no comenzó a normalizarse el uso del panty; o sea, del panty-legs, como empezó a comercializarse en 1959. Hasta entonces, por tanto, las mujeres que querían o necesitaban llevar medias no tenían más remedio que someterse a la dictadura de las fajas y los ligueros, que hay que reconocer que debían de ser bastante incómodos.

Pero, he aquí que, según un tal Joseph Caputo contaba en la revista del Smithsonian Institute, la entonces embarazada Ethel Boone, esposa de Allen Gant (que vecinos míos no eran, que yo recuerde), al volver una noche de 1953 a casa con su marido, se quejó de las incomodidades que en su estado le generaban las piezas de ropa interior que debía de llevar. ¡Pues lo dicho!

La señora Boone, exhibiendo un extraordinario espíritu emprendedor (continuamos con el “apasionante” relato del susodicho Caputo, de apellido bastante malsonante, dicho sea de paso), se puso manos a la obra y demostró a su marido que no era difícil facilitar el uso de la ropa interior femenina; bastaba con unir unas medias con el liguero y la faja en una sola pieza, cosa que ella hizo cosiendo las suyas. ¡Y ya está, así de fácil!

El señor Gant, que tonto tampoco era, llevó inmediatamente el original diseño de su esposa a los laboratorios de desarrollo de su empresa, la Glen Raven Mills, y los diseñadores finalmente lograron crear una prenda que satisfacía plenamente las funciones demandadas, y a un coste razonable, lo que además de aliviar las incomodidades de los ligueros, también aliviaba los bolsillos de las usuarias.

Y colorín, colorado… Pues, a partir de los 60, los ligueros empezaron a pasar a mejor vida —aunque del todo no andan perdidos y, ahora que nadie nos lee, son bastante más sexys—, y se fue normalizando el uso del panty, especialmente cuando las faldas se fueron acortando y era preciso exhibir solo lo necesario. En fin, un pequeño pero confortable avance de la “tecnología cotidiana”, del que, gracias a la señora Boone y al señor Gant, o eso suponemos, desde hace años disfrutan las mujeres.

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