Manuel Orantes, el otro Manolo

Que yo recuerde, ni en la década de los 60 ni en la de los 70 llegué a conocer a un amigo, familiar, vecino o conocido que jugara al tenis. Bueno, conocido sí, porque en esos años teníamos hasta en la sopa a un tal Manuel Santana, que había tenido la ocurrencia de ganar el torno de Roland Garros en 1961 y 1964, el US Open en 1965, y el de Wimbledon en 1966, lo que significaba que, de la noche a la mañana, el tenis se había convertido en “deporte nacional”, aunque casi nadie sabía muy bien cómo era eso del set y, sobre todo, lo de pasar de 15 a 30 y luego a 40 en un juego.

Pero era lo que tenía poder presumir de un héroe que, raqueta en mano, enarbolaba la bandera española por el mundo, algo que estaba muy, pero que muy bien visto en aquella época. El problema que empezábamos a intuir es que a Santana las pilas no iban a durarle toda la vida, que aún no se habían inventado las Duracel, por lo que inevitablemente el tenis pasaría al baúl de los recuerdos, y con él los triunfos nacionales, los sets, los puntos y los “match points”.

Pero, por fortuna, el destino quiso que, casi al mismo tiempo en que nuestro campeonísimo Manolo empezaba a dar signos de fatiga, de pronto surgiera de la nada un chaval de apenas 20 años, natural de Granada por más señas, que curiosamente también se llamaba Manuel, de apellido Orantes.

Pues vaya alivio, sobre todo cuando pudimos descubrir que al otro Manolo no se le daba nada mal lo de darle a una pelota con la raqueta para que traspasara una red. De hecho, desde que en 1969 empezó a asomarse tímidamente por las pistas, hasta 1983, cuando se despidió de ellas por la puerta grande, ganó nada menos que 1 Grand Slam (Roland Garros, claro, en 1975), 1 Tennis Masters Cup (1976) y 31 torneos ATP Tour, y hasta llegó a ser número 2 del mundo. ¡Qué, a que el susodicho Manuel Orantes también era de absoluta confianza, con denominación de origen incluso! La cuestión es que, con el granadino, el tenis nunca dejó de llamar la atención, y, además, dio largas en el tiempo para que empezaran a surgir otros campeones, de los que durante mucho tiempo hemos podido seguir presumiendo.

2 comentarios sobre “Manuel Orantes, el otro Manolo

  1. A veces la historia es muy injusta con las personas, porque la verdad es que si relacionas el tenis de antes con alguien, sin lugar a dudas, te sale a la memoria instintivamente el nombre de Manolo Santana, siendo Orantes (que a mi madre, gran aficionada al tenis, le encantaba) otro de las grandes genialidades de este gran deporte. Es difícil que se reconozca el mérito en este país y últimamente, yo creo que más, …, eso sí en la actualidad los que si van a ser verdaderos campeones (de la sinvergüenza) son los políticos a los que no se vincule a algún caso de corrupción…, je, je

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    1. Con Manuel Orantes debo reconocer que tenía cierta debilidad, primero, porque también era de Granada y, segundo, porque, según se rumoreaba, había aprendido a jugar al tenis golpeando una pelota en el patio de la casa en la que vivía, que se parecía mucho a la de mis abuelos, en la que yo iba a pasar todos los veranos. En fin, cosas de la infancia.

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