Antonio Buero Vallejo: El veneno del teatro

En el centenario de su nacimiento, resulta increíble comprobar cómo el recuerdo del gran dramaturgo Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916 – Madrid, 2000) parece haberse diluido en nuestra memoria colectiva. Alguien que fue capaz de hacer un retrato crítico de la sociedad española en Historia de una escalera (1949), Las carta boca abajo (1957) o El tragaluz (1967); de emocionarnos con Un soñador para un pueblo (1958), Las Meninas (1960), El concierto de San Ovidio (1962) o El sueño de la razón (1970); o de alertarnos sobre la falsa libertad en La Fundación (1974), seguramente merecería algo más que unas cuantas líneas sobre esta efeméride en algún medio de comunicación.

Desde luego, hubiera sido este un buen momento para reivindicar la enorme figura de Buero Vallejo, a quien tanto le debe el teatro español. Por ello, me gustaría modestamente sumarme a su «invisible homenaje» recuperando la entrevista —la segunda por cierto— que le hice para la revista Paisajes desde el tren, en febrero de 1997, y que difícilmente he podido olvidar, porque resulta difícil borrar de la memoria su serenidad, su inteligencia, su sentido común y su extraordinaria amabilidad.

¡Larga vida a Buero Vallejo!buero-vallejo

2 comentarios sobre “Antonio Buero Vallejo: El veneno del teatro

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