En el Día Mundial de la Poesía

Diálogo entre la hija y la madre

 

Siento aproximarse la noche

envuelta entre quejidos y sombras.

 

No temas, mi vida,

que no he de abandonarte

ni despierta ni dormida.

 

Tendrás que arrullarme

con tu voz de terciopelo

para que despacio me adentre

en la quietud del sueño.

 

Cuando llegue la hora señalada,

te susurraré al oído

una dulce y enamorada nana.

 

¿Y si el frío

de mi corazón se apodera?

 

Le diré al dios de los cielos

que envíe el fuego de una estrella.

 

¿Y si la oscuridad

prende el miedo en mi cuerpo?

 

Encenderé los luceros que habitan

en las entrañas del firmamento.

 

En tu regazo, madre,

los sueños se he me harán eternos.

 

Y si así no fuera,

acosaría a la noche

hasta dar con ellos.

 

Ahora sé que a tu lado

se acallarán mis temores.

 

Deja que te mire,

deja que te adore,

deja, mi niña, que bese

tus manos de seda

y tus ojos verdes.

 

Si no tuviera cerca

tus ardientes brazos,

la pena de no sentirlos

me ahogaría

en mi propio llanto.

 

Si mis ojos dejaran de verte,

avivaría el fuego

que arde en mi vientre

hasta parirte de nuevo.

 

¡Nunca me abandones!

 

Siempre seré tuya.

 

¡Que no mueran tus amores!

 

¡Cómo han de morir

si eres mi sol y mi luna!

 

Este diálogo está incluido en el libro El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (viveLibro, Madrid 2016).

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s