Broncearse o achicharrarse, esa es la cuestión

La verdad es que hasta no hace demasiado, que el tiempo corre que es una barbaridad, no estábamos muy al tanto de eso que hoy ya se conoce oficialmente como «protector solar», y que ni más ni menos que consiste en una crema que sirve para proteger nuestra piel de los graves estragos que puede provocarnos pasar horas a pecho descubierto tomando el sol, sin tan siquiera una mísera sombrilla a la que echar mano.

Pero de nada de esto éramos conscientes, por dejadez, ignorancia o falta de información, cuando a partir de los años 60 empezó a ponerse de moda eso de «coger un poco de color», por decirlo de una manera sutil. Y es que, casi como del día a la noche, de pronto pasamos de querer tener una piel blanca y transparente, a tirarnos directamente de cabeza a aquellos productos que pensábamos que más «negros» nos podían dejar; o sea, a achicharrarnos vivos, porque del término «broncearse» tampoco teníamos conocimiento alguno.

Así, al aceite de bebé pronto se le unió la manteca de cacao, que era más hidratante y cremosa, y hasta los había atrevidos que se untaban todo el cuerpo con un aceite bastante viscoso, de cuyo nombre no quiero acordarme, que más que broncear lo que hacía era «incinerar» el cuerpo. Si a eso se unía lo de permanecer largas horas tendidos o tendidas bajo el sol, el resultado era de pura lógica: piel chamuscada o rojo cangrejo de difícil definición.

Aunque esta moda «chicharrera» se mantuvo durante largo tiempo, al menos a finales de los 60 empezamos a enterarnos de que existían algunos bronceadores que algo también nos protegían. Entre ellos, los que más éxito tuvieron fueron los de la marca Nivea (tanto el aceite como la crema solar), con los que hasta te regalaban un balón de playa que servía para divertirnos de lo lindo, y, por supuesto, el bronceador Coppertone, cuya imagen publicitaria tanta gracia nos hacía.

En fin, era lo que había. Tampoco nos explicaban con detalle la diferencia que existía entre quemarse y broncearse, y las nefastas consecuencias que tenía tomar demasiado el sol sin una crema protectora. Bastante hicimos con no acabar todos medio carbonizados.

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3 comentarios sobre “Broncearse o achicharrarse, esa es la cuestión

  1. … Y los paños en vinagre eran el milagro maravilloso en el que mamá ponía todo su empeño para arreglar el desastre producido, mientras, yo, por lo menos, la miraba con incredulidad y un tanto de pánico, porque eso de vinagre sonaba a que te iba a doler un porrón y abrasar del todo… aunque todo sea dicho no ocurría así…

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