El último tango en… Perpiñán

En los años 70, ya iba siendo hora de que los españoles comenzaran a mover un poco el culo y a traspasar de una vez por todas nuestras fronteras, y no precisamente para ir a trabajar a la vendimia francesa, a una cadena de montaje alemana o a servir a una acomodada casa parisina. Se trataba, simple y llanamente, de empezar a conocer otros rincones del planeta, aunque de momento muy lejos del todo no estuvieran, que ya habría tiempo de emprender aventuras más arriesgadas, y de paso, como de bien nacidos es ser agradecidos, devolver amablemente las innumerables visitas de turistas que desde hacía años ya estábamos recibiendo.

De más no estaba tampoco aprovechar la ocasión de viajar al extranjero para confirmar de primera mano eso de que, como rezaba el título de la película de Vicente Escrivá, «Lo verde empieza en Los Pirineos», estrenada en 1973, y protagonizada por José Luis López Vázquez, entonces estrella insigne de la comedia hispana. Vistas así las cosas, convenía pues ponerse a elegir destinos en los que aterrizar unos días o un simple fin de semana, aún sin demasiados aspavientos. Por supuesto, Lisboa, París, Roma y Londres parecían los más apropiados para ir abriendo brecha. Bueno, y también Perpiñán que, según la rumorología popular, era una ciudad que, por razones diversas, merecía la pena visitar.

Sí, como se oye, Perpiñán. Al menos así lo confirmaba el incesante «éxodo» de españoles que, a partir de mediados de diciembre de 1972, sorprendentemente comenzó a producirse a esta ciudad francesa, muy próxima por cierto a la frontera con España. Al principio, muchos no entendieron muy bien aquel repentino interés por visitar esta localidad situada en el sudeste de Francia, capital, para más señas, del departamento de los Pirineos Orientales.

Postal de Perpiñán de 1970.

El que Perpiñán hubiese sido territorio español hasta 1659, su magnífica catedral gótica, su bonito palacio de los reyes de Mallorca o su estupendo entorno natural, posiblemente eran razones suficientes para que se hubiera desencadenado ese súbito peregrinaje. Pero no, las razones de estas visitas turísticas no eran exactamente esas, o al menos no las principales. Como con exactitud pudo averiguarse poco tiempo después, el objetivo fundamental de tan sustancial incremento de las relaciones hispano-francesas no era otro que el estreno en dicha localidad de «El último tango en París», la «escandalosa» película de Bernardo Bertolucci, que, según decían los que habían tenido ocasión de verla, contenía escenas muy subiditas de tono, de las que no podemos hablar ahora que estamos en horario infantil.

Protagonizada, como casi todo el mundo sabe, por Marlon Brando y por Maria Scheneider, el filme, por razones obvias, no pudo estrenarse en nuestro país, lo que inmediatamente suscitó un morboso interés por acudir a verla. ¡Y qué mejor que hacerlo aquí al lado, en un cine de Perpiñán, que pillaba cerca de casa! Eso sí, si se iba, era conveniente hacerlo de forma anónima, sin que nadie lo supiera, con el fin de evitar cualquier tipo de suspicacia, lo que no impedía que, a la entrada del cine, más de uno se encontrara con algún vecino del barrio, que había tenido exactamente la misma ocurrencia.

Y más o menos así anduvimos hasta que el 1 de abril de 1978 por fin se estrenó en España «El último tango en París». Por entonces, sin embargo, raro era el que no había visto ya la película, aunque no estaba de más volver a verla, al menos para certificar que, polémicas y escenas calientes aparte, se trataba de un extraordinario filme, en el que Marlon Brando ofrecía una de las mejores interpretaciones de su carrera, aunque decir esto quizá suene como aquello de los lectores del «Playboy», que aseguran que compran la revista por los «artículos de fondo».

A Bernardo Bertolucci, «in memoriam»

PD

Bernardo Bertolucci en el Festival de Cannes. EFE

«“Durante mucho tiempo, me he enfrentado a cada plano como si fuera el último, como si alguien fuera a llevarse mi cámara justo después de haber acabado de rodar con ella”, contaba Bernardo Bertolucci en “Lecciones de cine”, de Laurent Tirard. “Tenía la sensación de que estaba robando cada plano y, en ese estado mental, resulta imposible pensar en términos de ‘gramática’, ni siguiera de ‘lógica’. Incluso ahora, no preparo nada con antelación”.

Así lo hizo cuando rodó la devastadora mirada de Jean-Louis Trintignant en el final de «El conformista». O el juicio del pueblo ajustando cuentas con Robert De Niro en “Novecento”. O el grotesco desfile de “El último emperador”. También la bañera compartida por Michael Pitt, Eva Green y Louis Garrel en “Soñadores”. Y sí, también una de las escenas más polémicas de la historia del cine: la escena de la agresión sexual de Marlon Brando, Maria Schneider y la mantequilla» […]. (Francesc Miró, eldiario.com, 26-11-2028)

https://www.eldiario.es/cultura/cine/Bertolucci-maestro-cine-italiano_0_839916673.html

 

 

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