«¿No es verdad ángel de amor…?» «Si tú lo dices…»

En «mi querida España», que diría Cecilia, no deja de sorprenderme la extraordinaria pasión con la que, en muchas localidades, se siguen defendiendo a capa y espada antiguas tradiciones que, según parece, tienen un alto valor histórico y cultural, precisamente por eso, por ser «antiguas». Otra cosa es en qué consistan, que eso ya resulta ser lo de menos, porque qué más da si la dichosa tradición consiste en envarar toros hasta dejarlos sin respiración o en embolarlos, que, al parecer, también es muy divertido; en tirar una pava desde el campanario de una iglesia, colgar gansos de una cuerda o perseguir a un gato por todo el pueblo; o lanzarse a diestro y siniestro entre el personal asistente todo tipo de «productos de la huerta», ya sean tomates, vino tinto o calimocho, algo no menos tronchante. Así las cosas, a veces me pregunto por qué no se ha mantenido vigente, por ejemplo, la también ancestral tradición de quemar en la hoguera a herejes y blasfemos o aplicarle el garrote vil a criminales y gentes de mal vivir, con lo divertido y excitante que sería.

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El boom de la guitarra clásica

Andrés Segovia, en un concierto en el Real Concertgebouw de Ámsterdam, el 3 de noviembre de 1962
Foto: Jac. de Nijs / Anefo (Nationaal Archief)

Ni que decir tiene el entusiasmo con el que los españoles siempre nos hemos entregado, por ejemplo, a una disciplina deportiva, aunque hasta entonces no tuviéramos pajolera idea de ella, cuando la casualidad quería que algún español triunfara en la misma de manera inesperada. Tales fueron los casos, por citar solo algunos, del proverbial Arturito Pomar, el niño prodigio del ajedrez, que con apenas 12 años ya daba «jaque mates» a diestro y siniestro; o del malogrado Joaquín Blume, que a mediados de los 50 destacó sobremanera en gimnasia artística; o de Manuel Santana, quien, a principios de los 60, ya había ganado nada menos que dos veces en Roland Garros, que, al parecer, era un torneo la mar de importante en eso del tenis; o, más recientemente aún, de Severiano Ballestero, que a finales de los 70 nos descubrió que en el resto del mundo había un deporte muy popular y prestigioso que simplemente consistía en golpear una pelotita con un palo. Continuar leyendo “El boom de la guitarra clásica”

Hojas de contacto de Magnum, la segunda mirada del fotógrafo

Una llama en Times Square. 1957 ©IngeMorath Magnum Photos
Una exposición en la Fundación Canal (Madrid) recoge fotografías icónicas de fotoperiodistas de la agencia con sus correspondientes hojas de contacto que plasman su contexto y proceso creativo

J. M. Costa (eldiario.es, 14-10-2017)

En la fotografía publicada existen desde el principio dos grandes terrenos: la publicidad y la información. Hay otras como la arquitectónica, la técnico-científica, la microscópica, la biológica, de naturaleza y otras, pero suelen aparecer en publicaciones específicas y no mayoritarias. Por su parte, la fotografía artística, negando uno de los principios del medio, se ha resistido casi siempre a la reproducción masiva.

Dentro de la fotografía de información, la de reportajes siempre ha sido también de las más valoradas. Y a eso se consagró desde 1947 la agencia Magnum, cuya exposición sobre ese momento clave en la fotografía analógica que eran los contacto se ha abierto recientemente en la Fundación Canal de Madrid.

Antes de seguir con la exposición misma, hay que recordar una idea expuesta en el mismo trabajo fotográfico de Thomas Ruff: que la fotografía fue falseada desde sus orígenes, como en los primeros foto-reportajes de las guerras de Secesión norteamericana y de Crimea. Y que aunque no lo sea, el mero hecho de elegir un encuadre y no otro, ese sujeto y no otro, ya implica una manipulación.

Si a ello se suma la opinión del también fotógrafo artístico Jeff Wall sobre que solo hay que pensar dos veces para caer en la cuenta de que una fotografía, por algo también llamada instantánea, es un mal soporte para contar relatos, la historia de Magnum y muy específicamente esta de sus hojas de contacto adquieren un matiz adicional. Continuar leyendo “Hojas de contacto de Magnum, la segunda mirada del fotógrafo”

El Roto, reflejo de la España de hoy y la de ayer

(viñeta de El Roto, «El País», 11 de octubre de 2017)

«Si uno abre un periódico y ve en una viñeta a un hombre que camina entre la masa y se pregunta “Si vamos hacia atrás, ¿por qué nos dicen que hay que mirar hacia delante?”, sabe a ciencia cierta que se trata de un arpón de El Roto, el heterónimo más conocido de Andrés Rábago (Madrid, 1947), con el que desde hace un cuarto de siglo deshuesa la realidad cada mañana y nos descubre sus falsificaciones y mentiras. Continuar leyendo “El Roto, reflejo de la España de hoy y la de ayer”

50 años de soledad

El Retrovisor

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que…

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