«¿No es verdad ángel de amor…?» «Si tú lo dices…»

En «mi querida España», que diría Cecilia, no deja de sorprenderme la extraordinaria pasión con la que, en muchas localidades, se siguen defendiendo a capa y espada antiguas tradiciones que, según parece, tienen un alto valor histórico y cultural, precisamente por eso, por ser «antiguas». Otra cosa es en qué consistan, que eso ya resulta ser lo de menos, porque qué más da si la dichosa tradición consiste en envarar toros hasta dejarlos sin respiración o en embolarlos, que, al parecer, también es muy divertido; en tirar una pava desde el campanario de una iglesia, colgar gansos de una cuerda o perseguir a un gato por todo el pueblo; o lanzarse a diestro y siniestro entre el personal asistente todo tipo de «productos de la huerta», ya sean tomates, vino tinto o calimocho, algo no menos tronchante. Así las cosas, a veces me pregunto por qué no se ha mantenido vigente, por ejemplo, la también ancestral tradición de quemar en la hoguera a herejes y blasfemos o aplicarle el garrote vil a criminales y gentes de mal vivir, con lo divertido y excitante que sería.

Discúlpeme el personal este acaloramiento, pero resulta difícil creer que, por el contrario, casi hayan desaparecido por completo, salvo casos puntuales, otras antiguas y muy nobles tradiciones, como la de representar, cada 1 de noviembre, el «Don Juan Tenorio» de José Zorrilla, una obra tan apropiada para el Día de Todos los Santos, como la solemnidad del rito católico establece. Igualito, desde luego, que maltratar a animales o llegar a casa empapado de vino, por dentro y por fuera.

Además, hay que reconocer el juego que en otros tiempos daban aquellos hermosos versos que el ligoncete de Don Juan le recitaba a la cándida y hermosa Doña Inés, y que rezaban: «¿No es verdad ángel de amor, / que en esta apartada orilla…?». El ingenio popular hacía que, a la hora de completarlos, los hubiera para todos los gustos: mal sonantes, groseros, románticos, escatológicos o simplemente graciosos, según las ganas que cada cual tuviera de alentar el estado de ánimo de aquel o de aquella a quienes iba dirigida la farsa.

Cartel de la película «Don Juan Tenorio» (1922), de Ricardo de Baños.

Eso sí, aún hoy, por lo que he podido comprobar, con enorme sorpresa por mi parte, los versos del bueno de José Zorrilla siguen dando mucho de qué hablar o, mejor dicho, mucho de qué discurrir. En las redes sociales, sin ir más lejos, hay todo un aluvión de «propuestas poéticas» a partir de las rimas que sugieren «ángel de amor» y «apartada orilla», que también ofrecen una estimable variedad de tallas, tejidos y colores. Eso sí, de lo que no cabe la menor duda es de que, si entonces ya nos parecía «subidito de tono» que a alguien se le ocurriera algo así como, con perdón: «¿No es verdad ángel de amor, / que en esta apartada orilla / se ha cagado una chiquilla / y hasta aquí llega el olor…?», hoy día el nivel de la parodia alcanza límites que entonces nos hubieran parecido poco menos que intolerables, lo cual tampoco era demasiado extraño, a la vista de cómo andaban las cosas por aquellos tiempos.

Quiero decir con ello que de la inocencia que Don Juan Tenorio suscitaba entonces hemos pasado hoy a versiones —me disculpo de nuevo— del tipo: «¿No es verdad ángel de amor, / que en esta apartada orilla / si viene tu padre y nos pilla / la hostia me la llevo yo…?»; o, simplificando, «¿… hay un político en cada esquina / recortando sin pudor…?»; «¿… si quiero tocarte una tetilla / lo vas a disfrutar mogollón…?»; «¿… vi desnuda a Paz Padilla / y se me cortó la digestión…?». En fin, y así toda una retahíla de sugerencias poéticas, que dan para reír, llorar o patalear.

En todo caso, y antes de seguir enfrascado en esta absurda descripción del acervo poético popular, me tomo la libertad de reproducir literalmente un pequeño fragmento de las palabras con las que Don Juan le declara su amor a Doña Inés, y que dan buena fe del hermoso texto de José Zorrilla, que bueno sería no olvidar:

«¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando al día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?…».

¡Ah!, bueno, y ya para acabar, creo que sería injusto no reproducir también parte de la réplica de Doña Inés a Don Juan, enamorada de él como anda, que tampoco tiene desperdicio:

«Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!,
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad por compasión,
que oyéndoos me parece
que mi cerebro enloquece
se arde mi corazón…».

[La versión de «Don Juan Tenorio» que, en 1966, emitió TVE en el programa «Estudio 1», protagonizada por Francisco Rabal y Concha Velasco, continúa siendo inolvidable para muchos.]

Me gustaría seguir hablando de la bonita tradición que suponía la representación de «Don Juan Tenorio» cada vez que se aproximaba la fecha del 1 de noviembre, tanto en teatros como en TVE, pero después de la declaración de amor de Don Juan y de la apasionada respuesta de Doña Inés, se me ha hecho un nudo en la garganta y se me han empezado a saltar las lágrimas, lo cual me impide seguir con tan interesante debate socio-poético sobre la obra de Zorrilla y la «suculenta» relación de ancestrales tradiciones que sí se conservan en «esta España mía, esta España nuestra», que seguiría diciendo Cecilia.

Texto incluido en el libro El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria (El Ojo de Poe, 2019), páginas 231-234

https://elretrovisorblog.wordpress.com/pedir-libro/

 

 

 

 

 

3 comentarios sobre “«¿No es verdad ángel de amor…?» «Si tú lo dices…»

  1. !Qué lástima que no se hable del teatro, del cine, de la literatura… en estos días tan aciagos, tan perturbadores! Que la paz que transmite esa declaración de amor de Juan Tenorio no embriague el alma de políticos de uno y otro bando, que volvamos a ver enfrentamientos… que esperemos que se frenen pronto y no lleven a mayores sufrimientos.

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