«Siente un pobre a su mesa»

En los años 50, el régimen franquista puso en marcha la famosa campaña «Siente un pobre a su mesa», cuya finalidad no era otra que impulsar el espíritu solidario de los españoles; o sea, «en fechas tan señaladas» —a saber, la Navidad», promover en el pueblo un sentimiento de caridad cristiana hacia los más necesitados.

Como avezado observador de la realidad que era, aquella campaña dio pie a Luis García Berlanga para hacer una divertida película, pero llena de crítica e ironía, que fuese «un devastador retrato social de la época», como señala Miguel Ángel Palomo, crítico del diario «El País». Con esos mimbres, y con la inestimable colaboración del excepcional guionista Rafael Azcona, en 1961 realizó «Plácido», una comedia negra y esperpéntica con la que Berlanga seguía fiel a su humorística pero mordaz forma de contemplar la realidad cotidiana de aquella España que sobrevivía a duras penas, tal y como hasta entonces ya había hecho con «Bienvenido, Mister Marshall» (1953), «Los jueves, milagro» (1957), y posteriormente haría con «El verdugo» (1963).

La película en cuestión, nominada por cierto al Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1962, narraba la iniciativa de la Junta de Damas de una pequeña ciudad de provincias de poner en marcha una campaña solidaria en Navidad patrocinada por el fabricante de ollas Cocinex. Como bien señala el lema de este acto de caridad cristiana, «Siente un pobre a su mesa», su finalidad es lograr que en Nochebuena las familias acomodadas de la localidad acojan a un pobre para compartir la cena. ¡Qué menos!

A partir de ahí, el ingenio de Berlanga y de Azcona van entrelazando una rocambolesca historia, tan dramática y cruda como divertida, en la que relucen con luz propia todos los actores que intervienen en la película. Entre ellos destaca especialmente Cassen, que da vida al pobre Plácido, que anda desesperado por conseguir el dinero para pagar la primera letra de su motocarro, al que acompañan José Luis Vázquez, Elvira Quintillá, Julia Caba Alba, Manuel Alexandre, Amparo Soler Leal, José Orjas, Agustín González… y tantos otros; todos ellos espléndidos cómicos que, durante aquellos difíciles años de sequía, dignificaron el cine español.

Bien está, por tanto, en estas «fechas tan señaladas», volver a ver «Plácido», tal vez para que nos ayude a recuperar el espíritu navideño que promulga el filme y, de paso, dejar que aflore en nosotros la sonrisa y el gusto por el buen cine. ¡Ah!, y, por supuesto, lo de sentar a un pobre a la mesa ya queda en manos de la conciencia solidaria de cada cual.

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