Adamo, poder de seducción

Hace unos días, Claudio de Miguel, director y presentador del programa «El Guateque» de Radio Inter, comentaba en su página de Facebook: «Ayer, en el teatro Apolo de Madrid, gran éxito del legendario cantante, uno de los máximos ídolos de la Europa de los 60, Adamo. Elegante, amable, simpático, con un gran grupo de acompañamiento, !que gran profesional!».

«¡Caramba!», fue la primera expresión que se me vino a la cabeza. Bueno, debo reconocer que la expresión era algo más subidita de tono pero, estando como estamos en horario infantil, quizás no convenga reproducirla ahora. «¡Caramba! —insisto—, pero si todavía anda vivito y coleando —y no lo digo con segundas intenciones— aquel jovencito que causaba furor entre las jóvenes y adolescentes de la época».

Hablo naturalmente, como ya ha quedado reseñado al principio, de Salvatore Adamo, ese cantante italo-belga al que le costó poco aterrizar en nuestro país y montar la de San Quintín. Sí, Adamo, el del peculiar peinado con más de medio metro de flequillo echado a un lado, francamente imposible de imitar, y que se permitía sin rubor alguno poner «sus manos en la cintura», aunque en el fondo daba igual el sitio en el que las pusiera. Bastaba con que dijera cualquier cosa para que, de inmediato, miles de fans, principalmente chicas, se sintieran profundamente seducidas por él. O sea, que lo mismo daba que llevara «su corazón en bandolera», que «cayera la nieve», clara evidencia de que «esta tarde no vendrás», o que en el desván aún conservara «un mechón de cabello». Todo valía para provocar suspiros y escalofríos.

«¡Qué se va a hacer!», mascullaba con resignación el resto de los mortales masculinos de la época. Y es que, por suerte para él y por desgracia para otros, resultaba imposible competir con el poder de seducción que demostró Salvatore Adamo desde el primer día que, allá por mediados de los años 60, se presentó en nuestro país con esa carita de no haber roto un plato en su vida y con sus románticas canciones llenas de amor sincero, casi todas ellas versionadas también en español. Pues con eso y poco más pronto se creó el «mito Adamo», por llamarlo de alguna manera, que brilló en todo su esplendor durante unos cuantos añitos.

En realidad, hasta 1971, su popularidad en nuestro país, como en Francia, Italia y otros muchos países en el mundo, fue de las que hacen historia, gracias a un puñado de canciones de las que, a pesar del tiempo transcurrido, muchos aún conservan sin caducar en su corazón, quizá porque se enamoraron o se «desenamoraron» con ellas, se sintieron inmensamente felices o pensaron que «la vida ya no valía nada». Todo era posible escuchando «Mis manos en tu cintura», «Cae la nieve», «En bandolera», «Un mechón de cabello», «Tu nombre», «El tiempo se detiene», «Mi gran noche», «Porque yo quiero», «Ella», «Es mi vida», «Mañana en la luna»…, y tantas y tantas baladas más, que aún hoy continúan evocando tiempos de amores imposible, sueños más imposibles aún y grandes esperanzas.

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