En Sapporo, para Paquito el oro

Desde luego, ya iba siendo hora de que, veintiséis años después, es decir, desde que Blanca Fernández Ochoa lograse la medalla de bronce en la prueba de eslalon en los JJ OO de Alberville (Francia), no hubiésemos rascado bola, mejor dicho, medalla, en unos Juegos de Invierno. Así que no queda otra que celebrar como se merecen los dos bronces ganados por Regino Hernández, en snowboard cross, y Javier Fernández, en patinaje artístico, en Pyeongchang (Corea del Sur).

Ahora bien, dicho todo esto, y reiterando las merecidas felicitaciones a nuestros «deportistas de invierno», en nuestra memoria olímpica seguirá imborrable un nombre y una fecha: Francisco Fernández Ochoa, 13 de febrero de 1972. Y es que ese día, o sea, hace ahora 46 años, vivimos los segundos más emocionantes de nuestra vida, deportiva, claro está, no vayamos ahora a hacer especulaciones innecesarias. Ese día, insisto, nuestro «Paquito» ganó nada menos que la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sapporo (Japón) en la prueba de eslalon especial, después de vencer en la primera manga con un tiempo de 55:36 segundos, y de quedar segundo en la segunda con 53:10, lo que demuestra que bajó como una exhalación, sorteando todas las puertas con absoluta precisión.

En ese corto espacio de tiempo, millones de españoles asistimos atónitos a la extraordinaria hazaña de Paquito, que de ese modo se convirtió en el primer deportista español en conquistar una medalla olímpica en deportes de invierno, y el tercero en toda nuestra modesta historia olímpica. Y claro, teniendo en cuenta que las dos anteriores las habían logrado José de Amézola y Francisco Villota en pelota vasta (cesta punta), en los Juegos Olímpicos de París de 1900, y el equipo nacional de hípica en la modalidad de saltos, en los de Ámsterdam de 1928, es fácil entender el entusiasmo con el que se vivió el evento, que nos hizo resucitar viejas glorias deportivas, de las que en aquella época andábamos algo escasos.

Por supuesto, Don Francisco fue recibido como un auténtico héroe nacional, como bien lo demuestran las imágenes de su llegada al aeropuerto madrileño de Barajas y su aparición en la portada de todos los medios de comunicación, como no podía ser de otro modo, que héroes como él no se daban todos los días, y menos en deportes de invierno, en los que ciertamente no habíamos sobresalido demasiado; en realidad como ahora, que, 46 años después, y a pesar de las ya mencionadas medallas logradas por Blanca, Regino y Javier, aún seguimos con el palmarés de triunfos invernales un poco «en blanco».

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