La serpiente multicolor

Habrá que convenir, como tantas otras cosas, que el ciclismo ya no es lo que era. Y no quiero decir con ello que, por ejemplo, las grandes carreras por etapas, como la Vuelta, el Tour o el Giro, no sigan teniendo una audiencia más que respetable, pero pocos podrán discutirme que ya no se vive con la misma pasión que antaño, ni por supuesto la «serpiente multicolor» suscita hoy el mismo interés que antes, cuando hasta los más pequeños eran seguidores incondicionales de los ciclistas. De hecho, para que conste en acta, uno de los juegos infantiles favoritos, especialmente en verano, era disputar la «vuelta ciclista con chapas», que sin duda era uno de los entretenimientos estivales más emocionantes. Además, ni que decir tiene que entre las colecciones de cromos las de ciclismo eran, después de las de fútbol, las que más solían gustar, lo que da buena fe de todo lo dicho hasta ahora.

Sin ir más lejos, en el álbum de cromos de la Vuelta a España 1967, por ejemplo, figuraban todos los ciclistas españoles que yo más admiraba en aquella época. Entre ellos sobresalían los del equipo Kas, que era, junto al Fagor, la escuadra nacional más importante de entonces.

El que prefiriera a los corredores de Kas más que a otro no lo tengo muy claro, ni tampoco sé con certeza las razones, pero supongo que alguna había. Tal vez era porque me encantaba aquella bebida refrescante que patrocinaba al equipo, con sabor a naranja, limón y cola, o quizá por el reluciente maillot amarillo que lucían sus componentes. ¡Quién sabe!

En cualquier caso, hay que reconocer que, por aquel entonces, en el Kas estaban algunos de los mejores ciclistas españoles del momento, como Antonio Gómez del Moral, que era mi preferido, Vicente López Carril, José Pérez Francés, Francisco Gabica, Aurelio González Puente, Gregorio San Miguel, Carlos Echevarría, Sebastián Elorza, Dalmacio Langarica… y muchos más, que precisamente en la Vuelta a España de 1967 consiguieron ganar la meritoria clasificación por equipos.

El equipo ciclista Kas en 1967

A pesar de todo, ni los corredores del Kas ni los del Fagor vivían allá por finales de los 60 su mayor época de gloria. Se movían muy bien y cosechaban importantes triunfos en las carreras de puertas adentro, pero a la hora de salir fuera, la cosa cambiaba mucho, aunque a los aficionados al ciclismo eso nos daba un poco igual. Nos gustaba tanto nuestra propia Vuelta, por ejemplo, que tanto el Tour como el Giro los veíamos demasiado lejanos, como algo imposible para nuestros ciclistas, excepción hecha de Julio Jiménez, precisamente corredor del Kas hasta 1965, y que en 1967, ya en las filas del BIC, brilló a lo grande en el Tour, ganando el Premio de la Montaña y siendo segundo en la Clasificación General, por detrás del gran corredor francés Roger Pingeon.

Antonio Gómez del Moral, «el carbonero». Diario «As»

Era lo que había, y tampoco me frustraba demasiado. Me bastaba con ver triunfar a Antonio Gómez del Moral en la Vuelta a Levante (1964), la Volta a Catalunya (1965), la Vuelta a La Rioja (1966), o ganar una etapa en la Vuelta a España (1966) y en el Giro italiano (1967).

Ya vendrían tiempos de mayor gloria para el ciclismo español, como cuando, en los 70, comenzaron a brillar con luz propia ciclistas como Luis Ocaña, José Manuel Fuente, «El Tarangu», Agustín Tamames, Domingo Perurena, y tantos otros más, que abrieron el camino a épocas venideras de gran esplendor, aunque bien es cierto que ya nunca sería lo mismo, quizá porque nos íbamos haciendo mayores y la «serpiente multicolor» poco a poco se iba destiñendo.

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