El «toro de Osborne», con perdón

Primer toro de Osborne instalado en la carretera N-1 a su paso por Cabanillas de la Sierra (Madrid). Foto: Osborne

Como ya habrá sabido deducir más de uno, el título de esta «historia mínima» no hace referencia, ¡Dios me libre!, al amigo Bertín, el aristócrata, presentador, «cantante», actor y empresario español, como bien señala Wikipedia, sino a aquella enorme silueta de un toro de lidia que salpicaba las carreteras españolas publicitando el famoso brandi Veterano, una de las marcas estrella de las bodegas Osborne, claro está.

La verdad es que, como el que no quiere la cosa, aquel toro «negro zaíno» de notable cornamenta y «paquete básico» más notable aún pronto acabó convirtiéndose en uno de los iconos más reconocibles de la España de los 60 y 70, como la botella de Tío Pepe, el «Sol embotellado de Andalucía», a la que su propio creador, Luis Pérez Solero, dedicaba estos «delicados versos» en fecha indeterminada, al menos para mí:

«Veréis con qué sencillez me dieron forma en Jerez:

Embotellaron el sol

de Andalucía, primero;

me pusieron una chupa,

la guitarra y un sombrero;

¡y así nació el Tío Pepe,

lleno de gracia y salero!»

El famoso luminoso de neón de Tío Pepe situado en la Puerta del Sol de Madrid

En fin, y a lo que íbamos, o sea, al «toro de Osborne», que tantos y tan buenos recuerdos le traerá a muchos, si es que no se les han subido ya a la cabeza, que para eso el brandi Veterano era único, y cuya historia merece la pena revisar sin nocturnidad ni alevosía, sino con cariño y delicadeza. A este respecto, como acertadamente escribe Silvia Hernando en su breve pero didáctico artículo «El boceto del toro de Osborne» («El País Semanal», 18-8-2018): «En 1956 la compañía gaditana de bebidas espirituosas Osborne encargó a la agencia Azor un diseño para anunciar su marca de brandi Veterano. El encargado de realizarlo fue el artista Manolo Prieto, y el resultado fue uno de los bocetos más icónicos de la historia de la publicidad en España. Enseguida, el toro de Osborne pasó a ser imagen de la marca, y dos años después se había transformado en valla. Por entonces eran más pequeñas que las que se pueden ver hoy en las carreteras (miden unos 14 metros), estaban fabricadas en madera y llevaban inscripciones en el lomo del animal […]».

Según parece, el primer toro de la ganadería Osborne que «embistió» el paisaje de nuestras carreteras se remonta a mayo de 1957, y su ubicación concreta fue el km 55 de la N-1, Madrid-Burgos, a su paso por la localidad madrileña de Cabanillas de la Sierra. Hasta 1960, llegaron a instalarse 500 ejemplares a lo largo y ancho de las carreteras de casi todo el país. Todas ellas eran de madera y medían unos 4 m de alto, pero, como precisa Jesús A. Cañas («El toro de Osborne vigila la carretera desde hace 60 años», elpais.com, 16-6-2017), «las inclemencias meteorológicas y la necesidad de alejarlo de los coches los convirtieron en siluetas metálicas (compuestas por 70 planchas y 10.000 tornillos) con la altura de un edificio de cuatro plantas y 5.000 kilos de peso». Eso sí, subraya Jesús A. Cañas, «mantuvieron el nombre de Veterano en su lomo hasta que la Ley General de Carreteras de 1988 prohibió publicidades junto a las vías».

Poco a poco, concluye Silvia Hernando en su artículo, «fueron reemplazándose por los 95 modelos que existen actualmente, de cuyo mantenimiento se sigue ocupando la bodeguera, aunque su nombre ya no aparezca rotulado. En 1994, Obras Públicas concedió el indulto a estos carteles tras la aprobación de una ley que prohibía la publicidad en las carreteras, y algunos fueron declarados Bien de Interés Cultural. Erigidos en símbolo a veces polémico del paisaje español, también hay toros allende los mares: existen seis en México, uno en Copenhague y, desde este mes de agosto, uno más en Japón, como parte de la muestra de arte al aire libre de Echigo Tsumari» (https://elpais.com/elpais/2018/08/13/eps/1534178966_661354.html).

El boceto del toro de Osborne, del artista Manolo Prieto, que se conserva en el Museo de Osborne en El Puerto de Santa María (Cádiz). Foto: Federico Reparaz

¿Qué, interesante, a que sí? Pues a reflexionar sobre el «toro de Osborne» y su influencia en los despistes circulatorios en la España de los 60 y 70. Los trabajos hay entregarlos en la primera semana de septiembre, antes de enredarnos en el laberinto del nuevo curso académico.

 

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