Buen viaje, mamá

Dentro de unos días hubiese cumplido 91 años, pero seguramente pensó que ya no valía la pena aguardar tanto para celebrarlos. Al fin y al cabo, hacía ya mucho tiempo que había comprado «online» un billete para el último tren que pasara por su vida con destino a cualquier sitio, a ser posible uno mejor que en el que ahora transitaba, que, sinceramente, no le estaba dando muchas alegrías.

La espera, por desgracia, se fue haciendo demasiado larga y dolorosa. Por eso, casi siempre se hacía la misma pregunta: «Pero ¿por qué no me llega el maldito billete que he comprado para poder irme de una puñetera vez de aquí?». Y razón no le faltaba. Total, lo único que quería era eso, un sencillo «salvoconducto» que le permitiese traspasar la frontera y viajar a otro lugar, con la esperanza de que, al menos allí, no tendría que seguir sufriendo ni despertarse cada día con la angustia de que lo más probable es que el dolor físico y mental que la atormentaba volvería a invadirla por completo.

El viernes, sin embargo, a primera hora de la mañana, debió de intuir que ese, por fin, era el día señalado, que en cualquier momento algún «emisario celestial» de MRW, Seur, Correos o Mensajeros de la Paz le entregaría el ansiado billete por el que tanto había estado suspirando cada día. Así que, sin decir nada a nadie, se recostó plácidamente en la cama y se durmió como una bendita. Y así permaneció durante horas y horas, hasta que, sin que nadie se diera cuenta, cogió ese último tren al que esperaba subirse desde hacía muchos meses.

Lo que más siento es no haberme podido despedir de ella como hubiese querido. Haberle dicho que echare de menos esas conversaciones telefónicas que teníamos todas las tardes, en las que me contaba con entusiasmo sus correrías infantiles por Granada, sus sueños de ser artista, de subirse a un escenario y recibir el aplauso del público, siempre con alguna canción de por medio poniéndole banda sonora a nuestra inocente pero emotiva charla. Siento no haberle podido decir que me acordaré de ella, de su alegría, de su sentido del humor, de su memoria inagotable y de sus ganas de «sobrevivir», aunque la vida acabó traicionándola como nunca hubiese imaginado. Esas y otras muchas cosas le hubiera dicho, pero no pasa nada. Lo importante es que, como ella quería, ha podido irse sin necesidad de llevarse equipaje, dejándose en la consigna de la estación el sufrimiento que ya no podía soportar más.

Lo que nunca sabremos, desde luego, es el destino de ese tren en el que el viernes se subió para no volver más, aunque algo me dice que es más que probable que se citara con mi padre en algún lugar secreto que nunca quiso desvelar, y que juntos tuvieran planeado emprender una gira intergaláctica para dar a conocer por todo el universo su repertorio de toda la vida. Así que habrá que estar atentos, no vaya a ser que, un día de estos, observando el cielo estrellado, no parezca oír a lo lejos los compases de «El sitio de Zaragoza» para piano y castañuelas, que era su tema estrella.

En cualquier caso, vayas adonde vayas y sea quien sea con el que hayas quedado, si es que has quedado con alguien, que tengas buen viaje, mamá, y que sepas que cuidaremos bien de tus infinitos recuerdos, aunque no sé si nos cabrán todos en el álbum de nuestra memoria.

En Drammen (Noruega), 1963

A mi madre, Victoria Eugenia Melgarejo Sampedro, que el viernes 30 de noviembre, a las diez en punto de la noche, se subió al último tren de su vida con destino a cualquier parte.

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2 comentarios sobre “Buen viaje, mamá

  1. Hola Pepe… Con todo mi cariño te mando un fuerte abrazo, el más fuerte de todos los que hasta ahora te mandé… sale del corazón… y del agradecimiento, y como yo, te agradecemos todos que compartas con nosotros cada momento de tu vida, como lo haces en todos tus libros…
    No dudes que allí donde tu madre esté, estará bien y orgullosa de todo lo que haces y aportas. También la doy las gracias a ella, por hacerte como eres, por transmitirte junto con tu padre ese “duende” del que solo algunas personas pueden gozar. Mucho ánimo Pepe y mucho cariño. Mayte

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