La aventura de leer (II): De Walter Scott a Pérez Galdós

Después de sumergirnos en las apasionantes aventuras de Julio Verne, Rudyard Kipling Mark Twain, Marcial Lafuente Estefanía, Walter Scott, Enid Blyton, Alejandro Dumas o Edgar Rice Burroughs, o en aquellas románticas historias de Louise May Alcott («Mujercitas») o Johanna Spyri («El lago de los ensueños»), el interés por la lectura, aún en plena adolescencia, se fue incluso acrecentando. Casi sin darnos cuenta, en nuestro listado de escritores la cosa, además, empezaba a ponerse seria.

A ello contribuyó, sin duda, la obligación que muchos colegios imponían de leer, ya en bachillerato, a los grandes clásicos de nuestra literatura, o sea, de Gonzalo de Berceo a Juan Boscán, de Tirso de Molina a Garcilaso de la Vega, de Fray Luis de León a Espronceda, de Jorge Manrique a Lope de Vega, de Quevedo a Calderón de la Barca, de Miguel de Cervantes a un tal «anónimo», que nos regalaba lecturas tan emocionantes como «Lazarillo de Tormes» o «Cantar de Mío Cid». Desde luego, toda una inmersión profunda en el mundo de los clásicos que, en realidad, solo fue el principio de una «historia interminable»…

Fue aquel un tiempo de lectura insaciable, en el que, poco a poco, empezamos también a descubrir a Pérez Galdós, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Juan Varela y a toda la Generación del 98…, «de sentir un gusto especial por la poesía de Azorín o Machado, y hasta de leer a novelistas y poetas extranjeros, como Tolstoi o Dostoievski, Dante, Petrarca o Giacomo Leopardi, las tragedias de Shakespeare e incluso Marcel Proust, con el que nos embarcamos “En busca del tiempo perdido”. Fue, sí, el tiempo nunca perdido de que la lectura formara para siempre parte inseparable de nuestras vidas.

Atrás quedaron aquellas tiendas en las que comprar o intercambiar tebeos o esas pequeñas librerías de segunda mano que cambiaban cuentos, o esos modestos ahorros con los que comprar libros de bolsillo de la colección Austral, de Alianza o de Aguilar, todo un tesoro literario que conviene guardar en la memoria como oro en paño»*.

* «Queridos recuerdos de los años 50 y 60» (Senior Expert, Madrid 2017), páginas 52-53.

PD

Si te apetece, completa esta segunda aventura de leer con la primera (De «Pulgarcito» a «Ivanhoe») publicada hace unos días:

https://elretrovisorblog.wordpress.com/2018/11/26/la-aventura-de-leer-i-de-pulgarcito-a-ivanhoe/#more-1875

 

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