«Popeye el marino soy…»

El Retrovisor

Aunque parezca mentira, de pequeño me hice un adicto empedernido a las espinacas gracias a Popeye, aquel marino algo fanfarrón y buscapleitos que, cuando las circunstancias lo requerían, se tomaba un bote de tan sabrosa verdura y se ponía hecho un toro. ¡Qué maravilla, debí de pensar entonces, poder tener esa musculatura simplemente comiendo un puñado de espinacas! Bueno, y también debía de pensarlo mi madre, que con la excusa de Popeye me inflaba a espinacas de todas las formas posibles: en tortilla, rehogadas, rebozadas, en potaje…, y yo creo que hasta crudas.

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