Fútbol americano vs Rugby

A pocos días de celebrarse la «Super Bowl», o sea, la final de la liga de fútbol americano (NFL) —los New England Patriots vencieron 13-3 a Los Angeles Rams—, que por lo visto tanta pasión mediática suscita, tuve ocasión de volver a ver, después de mucho tiempo, un partido del torneo de las Seis Naciones de rugby, en concreto el que enfrentaba a las selecciones de Francia y Galés. Como bien recordaba aún, sobre el césped del Stade de France de París, 30 aguerridos gladiadores se batían a pecho descubierto por intentar que un balón ovalado traspasase las líneas enemigas, bien colocándolo tras una línea llamada «de anotación», bien logrando que el susodicho artefacto atravesara algo así como tres palos en forma de H.

Para ello, galos y galeses ponían todo su ardor en una batalla con tintes primitivos, en la que utilizaban todo tipo de artimañas, desde cogerse de las camisetas o los pantalones hasta, de manera más contundente aún, empujarse, aferrarse al cuerpo o a las piernas del contrario para tratar de derribarlo o reunirse en un círculo llamado «scrum» o «melé» en el que ponían a prueba toda su fortaleza. Y mientras, el balón circulando de un lado a otro del campo a patada limpia o lanzándolo directamente con las manos.

En fin, una cruenta pero leal lucha de la que daban buena muestra los rostros exhaustos de los combatientes, que, durante 80 minutos, no daban tregua a su objetivo de franquear la línea divisoria del bando contrario.

Francia-Gales, partido inaugural del torneo Seis Naciones 2019

Cuando finalizó el encuentro, con victoria 19-24 del bravo «ejército» galés, me asaltó una duda o, más bien, una pregunta a la que aún no he logrado darle respuesta. Visto lo visto en este épico partido de rugby, ¿qué tiene el fútbol americano que, caso de la Super Bowl, atraiga la atención de millones de espectadores, hasta el punto de que, según parece, sea uno de los eventos deportivos más vistos del mundo, sino el que más? Es decir, y me explico, frente a la noble lucha que existe en el rugby, ¿qué hacen 22 tipos ataviados cual guerreros galácticos, pertrechados con cascos, hombreras y corazas, aunque de esto último no tengo plena certeza, y con pantalones ajustados hasta cortar la respiración como si fueran juglares del futuro? ¡Ah!, y todo ello mientras intentan ir avanzando «yardas», o sea, ganando terreno como pueden y, una y otra vez, repitiendo la misma jugada en la que alguien apodado «quaterback» trata de pasarle el balón, también ovalado, a un compañero para que consiga un «touchdown» o un «field goal», para lo cual cada equipo solo dispone de cuatro «downs». Eso sí, haciendo que el juego se detenga cada cinco minutos, no sé si por cuestiones tácticas del propio juego o por cortes publicitarios, lo que, teniendo en cuenta los millones de espectadores que andan atentos al partido, no sería se extrañar.

Los Patriots celebran su triunfo en la Super Bowl. AFP

Bueno, y todo ello sin olvidar el «snap», el «fumble», el «huddle», el «punt», el «challenge», el «offensive tackle», el «running back», el «wide receiver», el «tight end»… y tantas cuestiones más que sería interminable enumerar, pero a las que sí parece estar bien atenta toda una corte de «personal auxiliar» en las bandas —entrenadores, ayudantes y demás miembros de un nutrido equipo cuyas funciones desconozco—, micrófono en boca y auricular en oído, que no para de dar instrucciones.

En fin, según parece, todo un manual de estrategias milimétricamente estudiadas, que mueve a los jugadores como si fueran piezas de ajedrez. ¡Dios mío, qué fatiga, con lo a gusto que estaba yo viendo a los esforzados guerreros venidos de Francia y de Gales para batirse en una noble y justa lid! Será que, a fuerza de tanto recordar en este blog, me estoy virando en blanco y negro o que mi primitiva mente no da para discernir entre el espectáculo deportivo estilo Broadway y el deporte en estado puro. Vaya usted a saber.

PD

Para darle un poco de sentido a todo lo dicho hasta ahora y que encaje en este modesto blog, este «Retrovisor» no quiere dejar pasar por alto en su memoria emocional aquellos inolvidables partidos de rugby que podían verse, por ejemplo, en el campo de la Ciudad Universitaria de Madrid. En ellos, enfangados hasta las cejas, se batían el cobre los esforzados jugadores de la Santboiana, la Escuela Técnica de Arquitectura, el Real Canoe, El Salvador, el Cisneros, el Liceo Francés… y tantos otros equipos más, y todos a pecho descubierto, cara a cara, sin protección alguna y sin límites en el esfuerzo por lograr «un ensayo» y, de paso, dar a conocer un extraordinario deporte del que muy pocos tenían conocimiento.

 

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