¡Bienvenidos al Parque de Atracciones de Madrid!

A los que vivíamos en Madrid la verdad es que nos vino de perlas la inauguración, el 15 de mayo de 1969, de ese gran Parque de Atracciones que nos dejó con la boca abierta. Por fin ya teníamos un fantástico sitio al que acudir con la familia o con los amigos para divertirnos, y tan cerca, ahí, en la Casa de Campo, a la que incluso podíamos ir en el Suburbano, que funcionaba desde 1960, bajándonos en las estaciones de Lago o de Batán.

Además, contaba nada menos que con 30 atracciones mecánicas que eran una auténtica pasada. Así que, por 5 pesetas que valía la entrada, podías pasar un día inolvidable montando en «7 Picos», «Gusano Loco», «Alfombras Mágicas», «Viaje al Centro de la Tierra», «Camas elásticas», «El Pulpo», «La Noria», «Viaje Espacial», «La Casa Magnética», «La Ola», los «Minikarts»… ¡Ah, y, por supuesto, en el «Jet Star», una especie de alucinante montaña rusa que se inauguró el año siguiente!

En la Zona Infantil, además, como bien recuerda la propia web del Parque (www.parquedeatracciones.es/con-nosotros), «se ubicaban atracciones como “Ford T”, “Baby Barcas”, “Baby Selva”, “Los Aviones”, “Telecombate”, y una novedad en Madrid, “Los Ponys”, que hacían las delicias de los más pequeños, pudiendo montarse sobre ellos o dar un paseo en carrozas tiradas por estos animales».

Asimismo, se sigue contando en la web, «como pasatiempos se instalaron “Pintoyo”, “Laberinto y Espejos” y el centro de juegos recreativos “Juegolandia”, además de tómbolas y casetas de tiro. Los espejos deformantes se hicieron de forma similar a los existentes en un conocido restaurante del madrileño callejón del Gato en los que todos los clientes se miraban al entrar. “Laberinto y Espejos” se han utilizado como plató para el rodaje de muchas escenas en películas de la época».

Por si fuera poco, y esto ya es de cosecha propia, el Parque también tenía entonces el famoso «Platillo volante», una torre de 15 metros de altura, con cafetería y todo, desde la que podía contemplarse todo Madrid. Y que no se olvide: un Teatro Auditorium, en el que podíamos ver en directo las actuaciones de algunos de los grandes artistas del momento.

Como es de suponer, en aquella época el Parque de Atracciones tuvo un enorme impacto, acostumbrados como estábamos a los caballitos, la caseta de tiro, las sillas voladoras o los coches de choque, o sea, los «cacharricos» que se instalaban en los días de feria, tanto de Madrid como del pueblo al que solíamos ir a pasar unos días en verano.

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