Canciones del otro lado del Atlántico

Después de «fiebre del domingo por la tarde» —véase guateque— y «fiebre del sábado noche» —véase discoteca—, hubo un tiempo en el que, musical y emocionalmente, muchos nos sentíamos más argentinos, chilenos, peruanos o cubanos que franceses, alemanes, italianos o ingleses. Al fin y al cabo, compartir sentimientos, ansiedad y una misma lengua necesariamente creaba un vínculo invisible difícil de romper.

El hartazgo de vivir al «dictado» de un general hizo que, casi sin darnos cuenta, empezaran a atraparnos aquellas descarnadas canciones que nos llegaban del otro lado de Atlántico a ritmo de vals, balada, zamba, milonga o simples y armoniosas cadencias, en las que nos hablaban de libertad, revolución, lucha y resistencia, pero a las que, poco a poco, también se fueron añadiendo hermosos relatos de amor, de vida y de esperanza.

Aquella consciente o inconsciente necesidad fue solo el principio de un largo y apasionado idilio que nos permitió conocer a Amanda, a Manuel, a Yolanda o Alfonsina, a la que vieron por última vez vestida de mar en busca de poemas nuevos; a saber que en Santa María de Iquique la pampa se había quedado desierta y ya no quedaban palabras ni sonrisas, sino solo silencio, dolor y muerte; que no importa que te llamen «abandonao» por no engrasar los ejes de tu carreta si a ti te gusta que suenen; que uno no es de aquí ni es de allá, ni siquiera tiene edad ni porvenir; que la flor de la canela camina airosa derramando lisura y aroma de mixtura; que hay hombres que luchan un día, y son buenos, pero los que luchan toda la vida son imprescindibles; que hay que darle gracias a la vida, que nos ha dado tanto, y que, aunque pueda pensarse lo contrario, «la vida es eterna en cinco minutos»…

Hubo una época en la que, queriendo o sin querer, nos fuimos dejando seducir por las voces que nos susurraban al oído todas esas hermosas canciones que nos revolvían el corazón y las entrañas. Cómo no recordar, sin sentir la tentación de derramar una sola lágrima, las de Víctor Jara, Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, Facundo Cabral, Alfredo Zitarrosa, Chabuca Granda, Inti-Illimani, Quilapayún… y tantas y tantas otras más, hoy demasiado ausentes, que nos dejaron en nuestra a veces frágil pero emotiva memoria un inolvidable «tiempo de rosas».

 

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