R8: El enemigo en casa

El Retrovisor

No sé por qué extraña razón había la costumbre de aferrarse a algo, fuera cual fuera su rendimiento, e incluso de que ese gusto se transmitiese de padres a hijos. Y eso precisamente fue lo que sucedió con aquel querido Renault 8 blanco que compró mi padre, no recuerdo exactamente qué año. De lo que sí me acuerdo es de que subirse a él era como vivir una emocionante aventura de intriga y misterio, ya que jamás se sabía qué podía suceder en un viaje largo o en un simple desplazamiento cuatro calles más abajo.

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