La revolución de la minifalda

Mary Quant, en el centro, con dos modelos luciendo la minifalda. Foto: Getty Image

¡Quién iba a decirle a la diseñadora británica Mary Quant, allá por 1963, el revuelo que iba a generar en medio planeta, por no decir el planeta entero, el invento de su popular «minifalda», aunque, para que quede constancia de ello, la paternidad de tan revolucionaria prenda todavía se sigue disputando entre ella y el diseñador francés André Courrèges.

Total, puede pensarse ahora, ¿qué más daba acortar un poco el largo de las faldas y situarlo más o menos un palmo por encima de la rodilla? Pues sí, lo que hoy nos parece una cierta «cortedad» de miras, en aquel tiempo resultó ser poco más o menos que una bomba de relojería, que estallaba en plena efervescencia juvenil, con todo lo que eso supuso a lo largo de la década en cuanto a reivindicaciones de nuevos derechos y libertades.

Dicho todo esto, lo que ni Mary Quant ni André Courrèges —por no dejarle al pobre al margen— podían imaginar es que en nuestro país la «minifalda» iba a ser, sobre todo, el detonador de un conflicto paterno-filial de dimensiones incalculables. O sea, concretando, que, según estadísticas extraoficiales, tan escueta prenda de vestir era la mayor causa de discusiones en los hogares españoles entre padres e hijas, quizá solo superada por la hora de regreso a casa, que no podía superar las 9 o las 10 de la noche, en función del espíritu liberal de cada familia.

En consecuencia, no había hogar en el que, fuera la hora que fuera, no se escucharan gritos alterados del tipo: «pues con esa falda tú no sales a la calle», «pero qué va pensar la gente cuando te vea», «pues la llevan todas las chicas», «qué me importa a mí lo que se pongan las demás, allá sus padres si se lo consienten», «lo que pasa es que sois unos antiguos»… Bueno, y un sinfín de reproches más, que no es necesario seguir reproduciendo, quizás porque seguro que muchas mujeres, entonces jóvenes a las que les gustaba ponerse minifalda, recuerdan estas u otras discusiones en su caso, ¿o me equivoco?

Eso sí, en una «minidiscusión» familiar tan crispada, lo que no ser­vía de mucho era echar mano de la intermediación de Manolo Escobar, que dejaba bien claro su punto de vista cuando cantaba aquello de:

«No me gusta que a los toros
te pongas la minifalda (bis)
La gente mira p’arriba,
porque quieren ver tu cara
y quieren ver tus rodillas».

Pues no se hable más…

 

Texto incluido en el libro El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria (El Ojo de Poe, 2019), páginas 283-284

https://elretrovisorblog.wordpress.com/pedir-libro/

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