La Carta de Reyes…

Bien está que nos dejemos ya de tanta celebración navideña, y a la mayor urgencia posible nos centremos en este principio de año en lo realmente importante, o sea, en la lista de Reyes. Bueno, teniendo en cuenta que estamos en «El Retrovisor», me refiero a repasar aquella relación de juguetes que quizás alguna vez nos trajeron los Reyes o que, probablemente, pedimos en una ilusionante carta a Melchor, Gaspar o Baltasar, según las preferencias de cada cual, pero de los que nunca supimos su paradero. Pongamos por ejemplo… Continuar leyendo “La Carta de Reyes…”

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Liga de chapas (y II): Tiempo de juego

… Y después de tantos prolegómenos, ya solo quedaba iniciar la emocionante competición; eso sí, una vez sorteados los equipos, establecido el calendario de partidos y minuciosamente dibujado con una tiza las líneas del campo, con sus áreas, sus zonas de portería y su círculo central, que siempre ocupaban buena parte de la acera de la calle en la que generalmente jugábamos a casi todo. Solo un breve inciso para decir que, en lo que a las portería respecta, lo normal era hacerlas con pequeñas cajas de cartón, aunque yo hasta me atreví a hacer una réplica de las mismas con unos cuantos trozos de madera pintados de rojo, y una red hecha con la malla que traían las bolsas de naranjas. Continuar leyendo “Liga de chapas (y II): Tiempo de juego”

Liga de chapas (I): Fase previa

Las películas de sesión doble, las meriendas de pan con aceite o una onza de chocolate, el balón de cuero algo ahuevado, los cromos, el pídola, la lima, la peonza… y alguna tarde de futbolín en los billares del barrio formaban parte de aquellos veranos de nuestras infancia que parecían no acabar nunca y de los que disfrutábamos sin un solo minuto de descanso. Continuar leyendo “Liga de chapas (I): Fase previa”

¡Cambio tebeos!

Había pocos chicos y chicas a los que, en los años 50 y 60, no les gustaran los tebeos. Para nosotros, los que más éxito tenían eran, desde luego, los de aventuras, como «El Capitán Trueno», «El Jabato» o «Hazañas bélicas». Además, eran nuestros héroes nacionales, que por supuesto preferíamos a los que venían de fuera, como Supermán o Capitán América. Continuar leyendo “¡Cambio tebeos!”

Regalos de Reyes… o no

Si os parece, repasemos una pequeña lista de juguetes que quizá alguna vez os trajeron los Reyes o que pedisteis en una ilusionante carta, pero nunca se supo de ellos. Pongamos por ejemplo…

Tren eléctrico

Todos los años había un juguete que, en mi caso, siempre pedía con verdadera ilusión a los Reyes Magos, pero que no había forma de que me trajeran: un tren eléctrico, así que del Scalextrix ya ni hablamos.tren_electrico_1 Continuar leyendo “Regalos de Reyes… o no”

«Pong», ¿un juego de tenis?

¡Oh, qué maravilla! ¡Alucinante! ¡Hay que ver los avances tecnológicos que hay hoy día! Expresiones tan ardorosas y efusivas como estás fueron las que, probablemente, emitimos cuando, a comienzos de los años 70, descubrimos algo parecido a un juego de tenis, que simplemente consistía en dos líneas que, a modo de paleta, eran capaces de interceptar una pelota, consiguiendo que esta cruzara una pantalla parecida a la de un televisor. Continuar leyendo “«Pong», ¿un juego de tenis?”

Aquellas preciosas canicas

Me encantaban las canicas, pero no solo por lo de jugar con ellas al “gua”, que era para lo que básicamente estaban destinadas, sino porque me parecían preciosas. En realidad, pensaba que era un milagro que pudieran hacerse aquellas bolas de cristal transparente rellenas de colores. Y, por si fuera poco, las había para todos los gustos: grandes, pequeñas, rojas, azules, amarillas, verdes…, y con todas las combinaciones posibles de tonos, lo que las hacía más atractivas aún.

canicas

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Una tarde en los “billares”

Desde luego, recursos no nos faltaban para divertirnos cuando éramos pequeños: ir la cine, jugar al fútbol, a las chapas, a la lima o a las canicas, cambiar cromos o tebeos… Pero, cuando podíamos y la paga de la semana daba para ello –si es que había paga–, de vez en cuando los sábados por la tarde nos gustaba ir a los “billares”, como así los llamábamos; o sea, a ese local de “juegos recreativos”, como oficialmente debía llamarse, que no faltaba en ningún barrio que se preciase.

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Jugando al futbolín en 1961 (Valencia Noticias)

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Magia Borras

Desde luego, si en los 60 y 70 había un juguete que nos hacía especial ilusión era el de Magia Borras, o sea, aquella caja “mágica” llena de trucos para hacer, con los que sin lugar a duda íbamos a triunfar entre los familiares y amigos.

Y con ese objetivo nos poníamos a aprender todo lo que aquel milagroso regalo nos ofrecía. La caja en cuestión, bien es cierto, no traía juegos de magia espectaculares, como cortar por la mitad con una sierra a una persona, hacer desaparecer a alguien detrás de un biombo o sacar un bandada de palomas de la chistera, no. Magia Borras tenía trucos sencillos, de andar por casa, pero que nos servían para entretenernos y, de paso, maravillar al personal. Continuar leyendo “Magia Borras”

Vuelta ciclista… con chapas

Las chapas eran, sin duda, una de las “grandes atracciones” de aquellas largas y entretenidas vacaciones de verano de mediados de los años 60 (o de la época que cada uno recuerde). Pero, como no solo de fútbol se vivía entonces, había que darle distintas alternativas.

Entre ellas, la que más solía gustar era la de disputar, durante varios días seguidos, una “vuelta ciclista”, sustituyendo, claro está, las bicicletas por chapas, que lo cosa no daba para más. ¡Ya hubiéramos querido entonces tener nuestras propias bicicletas para echar carreras, pasear con ellas o lo que se terciara!

Pero como no era el caso, pues allá que andábamos con nuestras chapas compitiendo en carreras por etapas, como en la Vuelta, el Tour y el Giro, aunque esta última aún nos seguía pareciendo demasiado lejana. Y con esas, cada uno escogía su equipo favorito (Bic, Fagor, Kas…) y a sus ciclistas favoritos, que casi siempre eran españoles (Manzaneque, Julio Jiménez, Gómez del Moral, Pérez-Francés, Gabica…), quizá porque a los extranjeros, como Poulidor, Gimondi, Jan Janssen, Rik van Looy o Planckaert, todos ellos franceses, italianos o belgas, le teníamos algo de tirria, todo sea dicho. Y es que entonces, salvo raras excepciones, los ciclistas foráneos ganaban siempre, aunque bien que nos desquitaríamos luego.

Con todo preparado, iniciábamos la “apasionante” competición, a la que no le faltaba de nada: línea de salida, meta, rectas, curvas… y hasta pequeños montículos que hacíamos con arena. Y es que, como en toda buena carrera ciclista, digo, con chapas, había etapas llanas y de montaña, para que todo fuera un poco más real y el tiempo de aquellas largas y entretenidas vacaciones más emocionantes aún si cabe.