Eurovisión 2018: ¡Madre del amor hermoso!

Amaia y Alfred en su actuación en la final de Eurovisión 2018. ARMANDO FRANCA AP

Después de ver anoche la última edición del llamado «Festival de la Canción de Eurovisión», o sea, Eurovisión, a secas, me he levantado muy ufano dispuesto a hacer una crítica feroz al pavoroso espectáculo que mis ojos y mis oídos pudieron ver y oír, y, por ende, a vanagloriar los viejos tiempos de lo que fue un certamen en el que la música y las buenas canciones eran las protagonistas, mientras que el esperpento quedaba para otras ocasiones. Así que, ordenador en mano, me he aprestado con firme devoción a recordar a Gigliola Cinquietti, Udo Jürgens, Sandie Shaw, France Gall, Frida Boccara, ABBA, Celine Dion… y tantos otros ganadores más de Eurovisión, sin olvidar, por supuesto, a Massiel y a Salomé, nuestras insignes vencedoras del Festival en 1968 y 1969.

Pero, mientras me documentaba convenientemente, no he tenido mejor ocurrencia que ponerle ambiente al trámite escriturístico volviendo a escuchar a Salvador Sobral y Caetano Veloso interpretando «Amar pelos Dois», la canción con la que el cantante portugués ganó el certamen del año pasado, para gozo y disfrute de los que añoramos un Festival que conseguía atraparnos cada año y por el que ahora sentimos un absoluto desapego. Y claro, lo de Salvador y Caetano juntos anoche, además de ser un acto de justicia divina, fue un ejercicio de emoción difícil de contener, de tal forma que, al volver a escucharlos hoy, se me han secado las ideas, el corazón se me ha revolucionado y los ojos han empezado tímidamente a humedecerse.

Así que, sintiéndolo mucho, no he podido seguir con mi crítica feroz (en realidad ni siquiera he podido empezarla) y, por consiguiente, hablar de la ganadora, de cuyo nombre no quiero acordarme, o de Amaia y Alfred, nuestros voluntariosos representantes, que hicieron lo que pudieron y poco más.

A lo sumo, y para que los fieles, o infieles, lectores de este blog no se queden en ascuas, les remito amablemente al artículo del diario «El País» titulado «Eurovisión, esa montaña de basura» y que firma Fernando Navarro, en el que encontrarán razones suficientes para corroborar todo lo dicho previamente.

https://elpais.com/cultura/2018/05/13/television/1526165200_765340.html

Que la crónica del Festival de Eurovisión 2018 les sea leve. ¡Ah!, y si empiezan a notar síntomas de locura emocional, vuelvan a escuchar «Amar pelos Dois» o incluso las delicadas actuaciones de Ana Moura y Mariza, y seguro que recobrarán su estado de cordura natural.

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