«¡Qué orgulloso estoy de mi padre!»

Cuando recuerdas alguna anécdota de tu padre o algo que hiciste con él cuando eras pequeño, no necesitas mucho para darte cuenta enseguida de que, para sentirte feliz a su lado, saber que lo querías con toda el alma y que estabas orgulloso/a de él, no hacía falta emprender grandes aventuras ni hacer cosas extraordinarias. Bastaba solo con salir a dar un paseo con él, cogerle de la mano o mirarle a los ojos. Nada más.

Y eso, en cierto modo, es lo que nos cuenta José María, Chema para los amigos, en este precioso relato, una historia real con la que quiere recordar de nuevo aquel maravilloso domingo que pasó junto a su padre. Aquella bonita mañana en la que simplemente fueron al Rastro a cambiar cromos, pero en la que todo acabó convirtiéndose en un día mágico que nunca ha podido olvidar… Continuar leyendo “«¡Qué orgulloso estoy de mi padre!»”

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Buen viaje, mamá

Dentro de unos días hubiese cumplido 91 años, pero seguramente pensó que ya no valía la pena aguardar tanto para celebrarlos. Al fin y al cabo, hacía ya mucho tiempo que había comprado «online» un billete para el último tren que pasara por su vida con destino a cualquier sitio, a ser posible uno mejor que en el que ahora transitaba, que, sinceramente, no le estaba dando muchas alegrías. Continuar leyendo “Buen viaje, mamá”

La llegada de Sara

Nos habían dado día y hora, como el que reserva una mesa en un restaurante, de modo que el «efecto sorpresa» se había perdido por completo: nada de roturas de agua, nada de sobresaltos nocturnos, nada de preparativos improvisados, nada de volantes sin sellar, nada de contracciones incontrolables… Aun así, las fechas previas al «día H» las vivimos con la lógica inquietud y, al mismo tiempo, con el deseo de que todo acabara cuanto antes. Al fin y al cabo, el embarazo se había hecho interminable, con demasiadas complicaciones desde el principio que parecían no fueran a resolverse nunca. Continuar leyendo “La llegada de Sara”

Aquella inolvidable Navidad…

Para Manuel, el invierno que nunca olvidó fue el de 1959. A las puertas de la Navidad, le encantaba pasar las tardes de los sábados paseando por el centro de la ciudad con Rocío, su novia, agarrada a su brazo. En algunas calles ya habían encendido luces de colores que anunciaban la llegada de las fiestas y los escaparates de las tiendas estaban decorados con mucho primor. No faltaba en ellos un Belén y algún villancico de fondo que agradaba escuchar. En una carnicería de postín que había a espaldas de la calle principal hasta habían puesto en el escaparate unos cochinillos disfrazados de caperucita roja y los tres cerditos. Y en cada esquina siempre había gente vendiendo panderetas y zambombas de barro, tan apropiadas para el tiempo en el que estábamos. Continuar leyendo “Aquella inolvidable Navidad…”

Maldito escalón

Tropecé con aquel maldito escalón al subir al autobús. No fue nada, solo una caída tonta. Me levanté sin más y entré, pero ya no estaba. ¡No me lo podía creer! Juraría que poco antes la había visto sentada junto a la ventanilla. Hacía diez años que no sabía de ella, pero era imposible no reconocerla, no oler su presencia. Durante todo este tiempo la había buscado desesperadamente. Solo quería decirle que nunca dejé de amarla, que seguía sintiendo su respiración, el brillo de su mirada clavada en la mía, que sin ella mi corazón había dejado de latir y mi vida andaba perdida en un laberinto sin salida.

A José Molina Zúñiga, músico

In memoriam (y II)

José Molina, en 1917, en su primer época con el Trío Albéniz

Granada (1900-1985)

José Molina Zúñiga nació, vivió y murió en Granada, de la misma forma que nació, vivió y murió por y para la música. Nunca abandonó su ciudad, como nunca quiso separarse de su laúd, de su bandurria, de su violín o de su guitarra. Autodidacta y alumno aventajado a un mismo tiempo, estaba dotado de una prodigiosa intuición musical, que hizo que, ya a los 9 años, comenzase a dar muestras de su genio precoz, de su voluntad de hierro y de su infinita capacidad de trabajo. Con esa edad, y gracias a un concurso organizado por la Diputación granadina que le proporcionó su primer violín, emprendió una carrera musical tan densa, fructífera y brillante como poco reconocida. Continuar leyendo “A José Molina Zúñiga, músico”

A José Molina Zúñiga, mi «abuelito»

In memoriam (I)

José, en el bautizo de su nieta Marisa

La historia está llena de hombres olvidados, de personas ajenas a la memoria popular, que tuvieron que partir tan silenciosamente como habían vivido. Y entre ellos estaba él, un granadino de cuerpo y de espíritu, nacido bajo la luz primeriza e inquieta del siglo XX. Lo había hecho en el corazón mismo de la ciudad, a la que siempre perteneció, como la mirada infinita de San Nicolás o la quietud casi mística de la calle Elvira, en la que durante tantos años vivió. Le llamaron José, para que sus familiares y amigos pudieran reconocerle, y le apellidaron Molina y Zúñiga, para que las leyes pudieran dar constancia de su existencia. Continuar leyendo “A José Molina Zúñiga, mi «abuelito»”

Un país lejano y próximo

Cuando llegué a Madrid a mediados de los 60, después de haber pasado buena parte de mi infancia en Noruega, tuve la sensación de haber aterrizado en lugar ajeno, al que no pertenecía, en el que todo me resultaba extraño: el laberinto de calles con olor a gallinejas y vermut con sifón del barrio de Lavapiés al que nos trasladamos a vivir, las gentes con todos los acentos que lo poblaban, sus tiendas de ultramarinos todavía con decorados de posguerra…, e incluso el español, que era como mi segunda lengua. Hasta entonces, los únicos lazos que me unían a España eran las pequeñas vacaciones que cada verano pasaba en Granada para visitar a la familia, los tebeos del Capitán Trueno y del Jabato que una vez al mes me enviaban mis abuelos, las películas de Joselito, que, curiosamente, causaban furor entre los niños noruegos, como Arne, Helen, Erik y Tore, algunos de esos amigos con los que compartía tantas cosas en Oslo, Trondheim, Larvik, Drammen o Bergen, salvo el nombre, los ojos azules y el pelo rubio. Continuar leyendo “Un país lejano y próximo”

El laberinto de la memoria

Estoy enredado en el laberinto de mis recuerdos. No sé de lugares ni de tiempos. No sé de espacios ni de horas, de minutos y segundos. No distingo el todo de la nada; tu nombre del mío, tu mirada de la mía, el perfil de tu rostro ni la silueta de tu cuerpo. No recuerdo el roce de tus labios ni la dulzura de tus manos agarradas a la mías, apretándolas fuertemente hasta nunca decir basta. No sé si estuviste o no, si fuiste realidad o solo una imagen trazada en el aire. Continuar leyendo “El laberinto de la memoria”

Soy

Soy celoso hasta del viento que acaricia tus ojos, hasta del silencio que quiebra nuestras miradas cuando nada dicen ni nada sienten. Soy celoso del tiempo que nos ausenta, y de los pasos que lentos nos alejan hasta el final de la distancia. Soy temeroso de las negras luces de la noche, cuando desesperadas te persiguen para apresar el resplandor de tu cuerpo. Soy nada, soy tuyo, soy el aire que se agota en tu aliento, soy el miedo que se estremece en tu huida, en tu largo deambular por el límite de lo imposible. Soy el fiel defensor del amanecer que en tus manos crece como espigas de sol. Soy el temor a perderte, a ser el vacío que tu boca pronuncia indiferente y callada. Soy el oscuro atardecer que entre las sombras te busca, como si nada existiera sin ti, como si la vida fuera el profundo abismo de la nada. Soy el llanto de tus lágrimas ocultas, un gemido de dolor que grita y muere al sentir que no puede ver tu corazón en penumbras. Soy el mar vacío sin tus aguas, el solitario firmamento al encuentro de la estrella que brilla en tu alma. Soy el anhelo a encadenarse a ti. Soy el más angustiado celoso de tu amor y de tus sueños.

A Isabel, en el día en que cumplimos treinta y tres años juntos.

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Canción a solas

¡Feliz San Valentín!

Tú, tan solo tú, un anochecer suspirando y yo. Tú y yo, un espacio adormecido jugando entre ambos, el aire leyendo la despedida de la tarde. A solas tú y yo. Tímidamente a solas, entre paredes temblando como rosas de papel, tendidos nuestros corazones al pie de un rincón incendiado por una pasión llorando a solas. Continuar leyendo “Canción a solas”

A mi padre. In memoriam

El 6 de abril hubiera cumplido 92 años. Como siempre, al acordarme, he estado tentado a escribir algo sobre él, pero el paso del tiempo desvanece la memoria, así que finalmente he decidido desempolvar este breve texto que escribí para el homenaje que se le rindió en Granada, su ciudad natal, en 2004 y que resume cuál fue el verdadero sentido de su vida. Continuar leyendo “A mi padre. In memoriam”

A ninguna parte

Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión… Por la ventanilla, se podía ver volar en perfecto orden a aquella hermosa bandada de pájaros amarillos y turquesas. Batían sus alas con energía, como si se esforzaran por marcar una senda invisible por la que, al parecer, nuestro vuelo debía discurrir. En realidad, nadie de las decenas de personas que allí dentro permanecíamos hacinadas sabíamos exactamente adónde nos dirigíamos, qué fatal destino nos deparaba al final del viaje. Por el momento, de lo único que éramos conscientes era de la inquietante paradoja que nos acechaba, que había anestesiado nuestra voluntad y nuestros corazones. Cómo no sentirse inútilmente atrapados, amordazadas las palabras y las ideas, cada vez que observábamos aquel vuelo libre que nos acompañaba. Cómo no desahogarse en lágrimas tratando de entender por qué habíamos sido repatriados sin tan siquiera tener patria. Cómo no desvanecerse sintiendo que hubo un día en el que nos movió el ardiente deseo de encontrar una vida mejor, y ahora nos ahogaba la desesperanza.

A los repatriados de cualquier lugar y tiempo, que fueron condenados a volver al infierno

Foto: Agentes de la Policía Nacional trasladan hasta el avión a un grupo de inmigrantes / Efe

Canción a Granada

¡Cómo te siento, Granada, cómo escucho el plenilunio de tu cielo infinito, el rumor de tus lágrimas debatiéndose entre fuentes y esquinas, en las callejuelas estrechas y dolientes que conducen a la entraña de lo desconocido! ¡Ay Granada, furtiva y eterna! ¿Qué tiene tu cuerpo que, al amanecer, se quiebra como los suspiros y los vientos? Continuar leyendo “Canción a Granada”